viernes, 17 de junio de 2011

PECADO ORIGINAL CAP IX

LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA TRAMA ES MIA.
PROHIBIDA TOTA REPRODUCCION TOTAL O PARCIAL DE LA MISMA.

CAPITULO IX DESCUBIERTOS

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POV EDWARD

Cubrí a bella con mi cuerpo mientras corrían la cortina de la ducha, ella se aferro a mi brazo y entonces Alice grito.

Dios Edward cúbrete. Dijo sonrojada, Rose corrió para taparle los ojos mientras me arrojaba una toalla. Luego se llevo a Alice y trajo otra toalla para bella.

¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraron? Les grite.


Baja la voz, jasper esta con emmett abajo, ponte algo de ropa, no sería bueno que te encontrara asi, me señalo, bella estaba tan roja, como un tomate, y Alice solo soltaba risitas.

Pues salte para que me cambie, le dije y ella quiso o no salió del baño.

¡Dios que vergüenza! Dijo mi niña.

No te preocupes amor, le dije acercándome para abrazarla.

Oigan ¿donde están Edward? Pregunto emmett entrando a la habitación, bella se aferro mas a mi abrazo y nos acercamos a la puerta, por suerte estaba cerrada.

Creo que está buscando algunas cosas en el ático, dijo alice.

Genial iré a ayudarlo.

Déjalo emmett, quizá son cosas privadas, le grito rose.

Pero rose.

Mira emmett si quieres que te perdone haz lo que te digo, ve a bajo a mirar pelis con jasper, ahora bajamos, bella está tomando una ducha.

Ok osita.

No me digas osita, que aun no te perdono, le grito rose. Solté a bella y recogí mi ropa del suelo para vestirme, ella saco una de sus pijamas del cajón y se la puso.

Y bien.

¿Qué? le dije saliendo con bella de la mano.

¿Por qué estabas con bella? Pregunto rose.

Creo que eso era obvio rosy. Le dijo Alice.

Edward, es una niña, es tu hermana.

Rose, no te metas le dijo mi ángel.

Claro que me meto bella, el tiene que pensar con la cabeza y me refiero a la que posee cerebro no a la otra. Dijo rose más que molesta.

No tenemos por qué darte explicaciones además ¿Cómo entraron? Les pregunte.

Nos encontramos a sus padres de camino, y tu madre nos dio una llave, ya sabes, pensó que bella estaba dormida y pues tu igual. Dijo alice. Pero pensó mal ¿Verdad? Estaban haciendo algo más divertido que dormir. Agrego con una sonrisa.

No da gracia alice, ella es una niña.

Solo soy un año menor que Alice, no es tan grave. Ella se acuesta con tu hermano

Claro que es grave bella, porque ella se acuesta con MI hermano pero tú te acuestan con el tuyo.

Gracias rose, pensé que lo entendías. Dijo ni niña conteniendo las lagrimas.

No, bella yo no …

Dejalo, mejor vete rose, no quiero hablar.

Vamos chicos cálmense dijo Alice. Los demás están abajo y no creen que tarden en subir si no los alcanzamos.

¿Quieres ir? Le pregunte a bella.

Está bien pero solo un rato, dijo ella. Rose salió junto con Alice, y nosotros las seguimos, llegamos a la sala y nos sentamos con los demás.

¿Dónde estabas? Dijo jasper.

Tomando una ducha, le dije. Es que limpie el ático.

Ahh fue su brillante respuesta. Rose nos miraba de reojo a mi y a mi ángel, ella solo la ignoraba, estaba molesta, bella no era de las que gritaban, ella prefería hacer como si no existieras, pero eso dolía mas.

Después de estar casi tres horas soportándolos en mi casa, los chicos se fueron, se despidieron todos cortésmente y rose murmuro un lo siento, y le dijo a mi bella que después hablarían. Subimos a su habitación, y nos acostamos en la cama.

¿Sigues molesta con rose? Le pregunte.

Es que es difícil, no pensé que ella se molestara. Ella sabe lo que siento por ti, no se por qué hace esto.

Rose te quiere mucho cielo, ya sabes cómo es, ella te ve como su niña también, ¿Recuerdas cuando jugaba con Alice y contigo? Tú siempre eras su bebé.

Pues ya no soy más una bebé, dijo ella haciendo un puchero igualito al de vane.

No claro que no, le dije y ella rio.

Los demás días pasaron con tranquilidad la verdad sentía una opresión en mi pecho cada vez que pensaba en mi viaje, ansiaba con ansias ir a Oxford, pero… cuando veía a bella sonreír, o cuando le hacía el amor, no quería separarme, sabría que la distancia dolería, dolería mucho, como si me arrancaran el corazón, lo único en que podía confiar era en que bella me esperaría, me amaría igual que yo a ella.

Edward, jasper!!! Grito mi madre desde el piso de abajo, hoy era uno de esos días de comida familiar, habían venido los chicos, y mi tio Charlie. Cuando llegaron preferí subir a mi habitación, era para no tener que fingir tanto enfrente del tio.

Ya vamos mamá, le grite de vuelta, jasper estaba acostado en mi cama, hojeando una revista de autos.

Vaya solo te queda una semana más aquí viejo, y te vas.

Si gracias por recordármelo, le dije.

Vamos Edward, no están malo, vendrás de vacaciones, y bella podrá visitarte.

No lo se, se supone que “no estamos juntos”, ya sabes esa fue una de las condiciones del tio Charlie para no decir nada.

Que mal, ojala puedan resolverlo, se lo merecen.

Eso espero, no se si pueda sobrevivir sin bella, le dije.

Te caló hondo ¿no?

Ella es mi vida, sin ella no soy nada.

Que cursi sonaste.

Miran quien habla, anda bajemos a comer. Le dije y los dos salimos de la habitación.

Hola Edward, saludo mi tio Charlie en cuanto me senté en la mesa.

Hola tio Charlie, le conteste.

Asi que en una semana te vas a Londres, dijo el con una sonrisa medio triste, que le crea otro pensé.

Si tio, en una semana.

Wow, que bien, ¿Dónde te quedaras?

Busque apartamentos por internet, encontré uno cerca de la facultad, así no tengo que quedarme dentro del campus, los abuelos ya fueron a verlo y cerraron el contrato. Le dije.

Si los padres de Carlisle están felices de que Edward valla a Londres.

Si podre visitarlos muy seguido le sonreí a mamá y de reojo vi que mi ángel se hundía en su silla, ella estaba triste, muy triste pero nunca lo aceptaría, no quería verme triste a mí.

Pues qué bien por Ana y Alejandro. Dijo mi tío Charlie.

Si mis padres se mueren por ver a su nieto. Dijo papá.

Seguimos con el almuerzo, después fuimos a la sala a ver una película, para nada entretenida debo decir, al acabar la película mi tío se fue por suerte, la verdad no me sentía nada cómodo con el merodeando por los alrededores.

Al final de la noche solo quedamos mis padres, bella y yo en la casa, estábamos viendo una película de terror pero ya era tarde, cerca de las 2 de la mañana, mi padre se levanto y nos dio el beso de las buenas noches al igual que mamá, luego los dos se fueron a dormir, aproveche para sentarme en el mismo sofá que bella, ella rodeo mi cintura con sus brazos y se recostó en mi pecho. Seguimos por otro rato viendo la televisión hasta que bella se quedo semidormida sobre mi pecho, apague el televisor y la cargue al estilo novia, ella se rio quedito, y beso mi pecho.

No juegues bella.

No quiero jugar precisamente, dijo ella sonriendo.

¿Dónde quedo la niña responsable ehh? Le dije bromeando mientras subíamos las escaleras.

Solo te tendré por una semana más y luego nada de nada en mucho, mucho tiempo, dijo ella algo dramática por lo que me reí.

No te rías tan alto, dijo ella.

Vaya regreso la bella controladora.

Eres un tonto, me dijo riendo. Vamos a mi habitación.

¿Segura?

Si prometes irte a la tuya antes del amanecer. Y no ser tan ruidoso.

Lo prometo. Le dije la verdad me moría de ganas de tenerla otra vez.

Entonces vamos, dijo con una hermosa sonrisa.

La tuve que poner de pie enfrente de su habitación para abrir la puerta ella rodeo mi cuello con sus manos, entramos en su habitación y pusimos el seguro a su puerta, ella caminaba de espaldas porque nuestros labios se negaban a separarse, caminos a si hasta caer en la cama, me separe de ella solo un poco para que pudiera subirse completamente a la cama, pero cuando lo hizo ella volvió a jalarme de la camisa para que la volviera a besar. Mis manos estaban en su cintura mientras las de ella recorrían mis pecho y mis brazos, llevo sus manos a mis cabellos y comenzó a jugar con ellos, entrelazo sus piernas detrás de mi espalda, rodeando mi cadera logrando que gimiera al contacto, al parecer eso era lo que quería porque rio.

No juegues bella, le dije.

Ya te dije que no quiero jugar, respondió ella mirándome a los ojos.

Entonces ¿Qué quieres? Le pregunte viendo sus hermosos ojos marrones poblados de un dejo de inocente lujuria.

Quiero que me hagas el amor ya.

Lo que tú quieras princesa, le dije antes de volver a besarla. Ella sequia acariciando mi pecho, llego al borde de mi camisa y la comenzó a levantar, yo alce las manos para sacarla por completo, ella traía una pijama que consistía en un corto short y una blusa de tiritas con la imagen de pooh, la verdad creo que si soy un pedófilo pervertido por que verla así usando esa ropa me pone a mil, deslice mis labios por todo su rostro, hasta llegar a su cuello, y bese el punto donde su aroma era más fuerte, me sentí como un vampiro apunto de atacar a su presa.

Edward, dijo en un suspiro.

Lleve mis manos debajo de su camiseta y comencé a levantarla, cuando se la saque por completo ataque sin piedad sus pechos, ella mordí su labio para acallar los gemidos. Me puse de pie para sacarme el pantalón y los bóxer, ahora yo estaba completamente desnudo y ella a un levaba su short puesto, pero eso se podía arreglar, me subí de nuevo en la cama y comencé a deslizar los pequeños shorts por sus piernas arrastrando con ellos las pequeñas bragas blancas.

Edward, no juegues, dijo en un susurro que pareció una caricia.

Lo menos que hare contigo será jugar bella. Ella ronroneo como un gatito. Comencé a besar de nuevo sus pechos, primero uno y luego el otro hasta que sus pezones se convirtieron en unas duras piedrecillas, descendí dejando un sendero de besos en todo su abdomen hasta llegar a su ombligo donde juguetee un rato, después salte a una de sus piernas ignorando la parte de su anatomía que mas clamaba por su atención. Bese toda su pierna hasta llevar a los pies, bese cada uno de sus dedos provocando que soltara pequeñas risitas, volví a ascender por su pierna justo en dirección a su sexo. Esta muy mojada, y su aroma endulzaba el ambiente, ella suspiro cuando exhale justo encima de sus pliegues.

Tócate bella, le dije.

¿Qué? Pregunto extrañada.

Que te toques, acaríciate para mí.

Edward yo… yo…

¿Nunca te has masturbado? Le pregunte.

No, jamás.

Pues aprenderás a hora amor, es algo que quiero que hagas por mí, ¿Lo harás cierto?

Aja, contesto ella tome su mano y la conduje a su sexo.

Edward no sé si…

Shhhh le dije. Solo tócate amor.

Ella comenzó a acariciar esa sensible parte de su cuerpo, soltó pequeños gemiditos, cuando rozo su entrada contuvo su respiración pero la anime a continuar, ella introdujo uno de sus dedos en su interior, bella era sin duda la más hermosa de todas las mujeres que existía y la escena que tenia frente a mí, era la mas erótica que había visto en mi vida, mucho mejor que una película porno. Ver entrar y salir su pecho y delicado dedo de su estrecha cavidad provoco que mi amiguito se pusiera duro como un bate de béisbol.

¡¡¡Edward!!! Gimió mi pequeña mientras movía su dedo más rápido, pero detuve el movimiento de sus manos. Ella gruño y yo baje mi cabeza y comencé a succionar su dulce botón, era como si comiera una golosina, ella comenzó a gemir más alto, pero no la detuve, se mordía el labio, y sujetaba mis cabellos para acercarme más a su coño calientito. Recorrí sus pliegues con mis labios recogiendo todos sus jugos y mordí su pequeño botón, ella se retorció debajo de mi, pero seguí comiéndola y probándola como un vagabundo que no ha comido en días, mi lengua entraba y salía de su cavidad.

Mas rápido Edward, mas… pedía mi niña y ¿Quién soy yo para negarle algo? Me dedique a seguirle dando placer a mi dulce ángel, poco a poco sentí como su interior se contraía en torno a mi lengua, y se corrió.

¿Te gusto? Le pregunto mirándola a los ojos.

Si, pero no estamos siendo suficientemente silenciosos dijo medio riendo.

Tienes razón, lo siento amor. Ella rio. La bese.

Edward… dijo mi niña, yo me levante de la cama para ir a recoger mi pantalón y sacar el preservativo de mi billetera, me lo puse y entre lentamente en ella, comencé a moverme despacio, ella soltaba pequeños suspiros mezclados con mi nombre. Procure ser suave, ahora solo le quería hacer el amor, estar en su interior el mayor tiempo posible aunque eso hiciera la separación más dolorosa.

Continúe con el vaivén de nuestras caderas hasta que los dos alcanzamos un maravilloso clímax.

Te amo, le dije antes de salir de ella, nos quedamos abrazados hasta que sentí su respiración acompasada, me levante con cuidado y la recosté sobre la cama, aunque moría de ganas de quedarme abrazado a ella, sabía que no sería prudente. Me vestí y Salí con cuidado de su habitación, me acosté en mi cama, recordando la maravillosa noche que pase con MI BELLA.

Por la mañana mi madre entro para despertarme, abriendo las cortinas de par en par.

¡Arriba Edward! Dijo mi madre mientras me cubría la cabeza con la sabana.

Madre tengo sueño. Le dije gruñendo porque ella jalo la sabana y la quito de encima de mí.

No sé qué les pasa hoy, bella tan poco se ha levantado.

Debe estar cansada, le dije a mi madre con una pequeña sonrisa.

Tal vez, pero anda arriba corazón, recuerda que hoy quedaron de salir con los chicos.

Si madre tienes razón, le dije, ahora bajo. Ella salió de la habitación y yo me levante y entre a darme una ducha, me vestí y baje a la cocina. Llegue y papá ya estaba sentado en la silla principal con periódico en mano mientras una humeante taza de café reposaba delante suyo.

¡Buenos días! Dije antes de sentarme, papá aparto el periódico para mirarme y sonrió.

Buenos días hijo. En ese preciso instante mi hermosa “hermanita” entro en la habitación, con un pantalón pesquero color caqui y una blusa azul, su cabello suelto adornado con un listón del mismo tono que la blusa.

Hola papi, hola mami, Edward, dijo sentándose a mi lado.

Hola hija, dijo mamá sirviendo el desayuno, y un vaso de jugo de naranja para cada quien. Por cierto añadió sentándose en la mesa, hablaron del orfanato, la hermana citlali para saber si visitaran a Vanessa.

Claro, necesito despedirme de ella, les dije.

Esa pequeña le roba el corazón a cualquiera. Dijo mi padre bebiendo un sorbo de su café.

Si asi es, es muy lista. Añadió bella sonriendo y tomando mi mano por debajo de la mesa. Terminamos de desayunar y nos despedimos de nuestros padres.

¿Seguro que no sospechara el tío Charlie? Me pregunto bella por decima vez.

Ya te dije que no, pasaremos por los chicos, así no iremos solos, el no sabe que ellos lo saben. ¿Entiendes?

No, pero confió en ti. Dijo con una sonrisa y subió al auto. Pasamos por los chicos y partimos con rumbo a Seattle.

¿Y harás una fiesta de despedida? Pregunto emmett.

No, sabes que no me gustan las despedidas.

Bueno Eddie, pero no nos veremos en un buen tiempo.

Ya lo se, pero igual no quiero, dije encogiéndome de hombros.

Alice iba platicando con bella y rose en la parte de atrás del auto, venimos en la vieja suburban de los difuntos padres de jasper para no tener que venir separados, llegamos al centro comercial y alice arrastro a bella.

¡Edward ayúdame! Grito mi niña causando que riéramos.

Vamos bella no están malo, le dijo rose.

Claro que no porque tú no eres su “barbie bella” dijo mi ángel cruzándose de brazos, pero aun asi se dejo llevar por la adicta a las compras de Alice.

Entramos a una tienda de antigüedades, no sé qué trastorno compulsivo tenia jasper por las cosas de la guerra civil. Alice se emociono con una máquina de coser de principios de siglo, mientras rose hojeaba un libro de autos clásicos, emmett jugaba con un trompo de madera. Yo busque a bella y la encontré observando la vitrina donde había joyas. Estaba muy entretenida mirando las joyas por qué no se percato de que me acerque hasta que la rodee con mis brazos.

¿Vez algo que te guste? Le pregunte mientras depositaba un beso en su cuello.

Edward… emmett nos puede ver.

El niño está jugando por ahí con algo. Le dije y ella rio.

Tonto.

Hermosa, conteste. Ya hablando en serio, ¿algo te gusto? Le pregunte.

Ves ese, dijo señalando un pequeño relicario en forma de un ovalo pequeño con letras en un idioma raro, tenia grabado una rosa.

Es hermoso, le dije.

Si lo sé, lo quiero para vane pero es caro, dijo ella.

No importa, si lo quieres lo tendrás.

Claro que no, cuesta casi 200.

Bella, el dinero no es problema. Aparte es para nuestra hija.

Ya sabes que no…la corte poniendo uno de mis dedos en sus labios.

Podemos hacer algo. Le dije. Comprémoslo entre los dos ok.

¿Entre los dos? Pregunto.

Si, mitad y mitad.

Hecho dijo estrechando mi mano. Llame a la dependienta para que nos envolviera el relicario, ella dijo que la palabra que tenia grabada significaba familia.

Bella fue a ver a los chicos mientras yo esperaba que envolvieran el relicario, observe la vitrina que estaba llena de otros objetos entre ellos un hermoso collar en forma de corazón con la palabra para siempre. Le pedí a la dependienta que me lo mostrara, era hermoso, era de plata y zafiros, me dijo que perteneció a una joven de la nobleza, se vería hermoso en bella, así que también lo compre, claro a sus espaldas, se lo daría como un regalo antes de irme.

¿Listo? Pregunto bella en cuanto me acerque a ella.

Claro vámonos, Alice nos hizo recorrer todas las tiendas, y zapaterías del centro comercial, no me puedo quejar, permitía que viera a bella con la excusa de ver si aprobaba la ropa “como su hermano mayor” por si acaso emmett nos oía.

Ahora mismo bella traía puesto un diminuto short color blanco, debía ser ilegal que las mujeres usaran esa ropa.

No me gusta, dije.

Pues lastima, dijo Alice, nos lo llevamos. Le dijo a la dependienta. Bella rio, al final llevábamos más de 15 bolsas entre ropa, zapatos y otros artículos que compramos, bella iba comiendo un helado de chocolate, bueno en realidad lo comíamos los dos, íbamos tomado de la mano eso no podía espantar a emmett ni a ningún conocido que nos viera.

¿En qué piensas? Dijo mi ángel mientras nos deteníamos, porque Alice quiso entrar a otra tienda antes de irse, entro con jasper, rose y emmett, nosotros dos nos sentamos en una banca a fuera de la tienda a esperarlos.

En ti, en que más puedo pensar.

Eres un tontuelo, dijo ella riendo.

No sé cómo podre estar sin ti bella. Le dije estrechando su mano con más fuerza de la necesaria pero sin lastimarla.

Podemos hacerlo amor, solo necesitamos confianza, porque amor es lo que sobra. Dijo ella.

Cierto. Le conteste, los chicos salieron de la tienda con otras dos bolsas, de regreso nos pasaron a dejar a nuestra casa, ellos no entraron alegando que querían llegar a guardar sus nuevas pertenencias.

Ayude a subir a bella las cosas a su habitación y tenía un nuevo mensaje en el contestador de su cuarto. Lo presione y ella rio.

Bella, soy Alice, recuerda que tienes que convencer a Edward de salir temprano el jueves.

¿Qué? Le dije mientras Alice seguía hablando por el auricular.

Nada, bella corrió a pagar el contestador pero se lo impedí la cargue sobre mi hombro.

Si, bella recuérdalo, tienes que distraerlo, no se puede enterar de la fiesta sorpresa que le haremos, bueno me voy, es que con Edward rondándote en el centro comercial, no pude recordártelo. Dijo Alice antes de cortar.

¿Fiesta sorpresa? Le pregunte dejándola en la cama.

Pues eras sorpresa, pero creo que ya no.

Wow, no hay quien pueda contra Alice.

Jamás apuestes en su contra. Dijo ella.

Fingiré emoción lo prometo.

Si por favor, si no me matara. Dijo bella riendo. Termino de guardar sus cosas y bajamos, papá y mamá no estaban, aun no regresaban de sus trabajos. Salimos un rato al patio, nos sentamos en los viejos columpios de cuando eras niños.

Aun no puedo creer que… solo falten 3 días para que te vayas, dijo bella.

Aun puedo…

No amor, es lo mejor, no quiero que el tio Charlie…

Algún dia podremos estar juntos sin esconder esto, lo prometo, le dije arrodillándome frente a ella.

Es lo que mas deseo. Me dijo.

Bella promete algo. Le dije tomando sus manos entre las mías.

Claro amor.

Prométeme que me esperaras, no dejaras que el tío Charlie te convenza de salir con el chucho ese.

Se llama jake y te prometo que no lo hare. Te amo solo a ti, tú ocupas todo mi corazón. Sonreí.

Gracias, y esta es mi promesa, le dije sacando de mi bolsillo la pequeña bolsita que contenía el corazón de plata. Lo extendí frente a ella.

Edward… es hermoso. Me dijo.

Isabella yo prometo que te amare todo y cada uno de los días de mi vida, por y para siempre. Le dije.

Edward, dijo ella mientras rodeaba mi cuello con sus brazos y me besaba. Su beso fue dulce, corto pero dulce.

Me lo pones, me dijo.

Claro. Levanto su cabello y yo busque el broche de la cadenita, lo abrí y se lo coloque, le lucia esplendido. No podría lucir mejor, le dije antes de cargarla y ponernos a dar vueltas.

Te amo, me dijo.

Yo igual.

Entremos aun tenemos dos horas antes de que regrese papá y mamá. Dijo ella sonriendo.

Si, ¿Qué pretendes? Le pregunte enarcando una ceja

Me apetece una ducha, ¿Me acompañas? Dijo sonriendo.

Claro vamos, le dije y entramos en la casa tomados de la mano, si la despedida sin duda sería difícil, pero aun tenía tres días que disfrutar, lo mejor era disfrutarlos al máximo en compañía de la mujer que amo.
*************+
un agradecimiento especial a lucci por las fotos de los cap besos.





























































































































































































































































































































































































Robert Pattinson quiere una boda sin celebridades

Robert Pattinson quiere una boda sin celebridades

El actor no quiere ver en ese día especial a alguien que sólo alguna vez le haya dicho "hola".

Ante su posible boda con su novia Kristen Stewart, Robert Pattinson asegura que le gustaría tener una celebración sencilla, discreta y sobre todo privada.

“Me imagino que será bastante simple. No es exactamente mi estilo de tener a 500 diferentes celebridades de todo el mundo. Yo quiero que esté sólo la familia y amigos cercanos, no alguien a quien yo he dicho hola a una vez en una ceremonia de premios” indicó el actor de la saga de vampiros.

Pattinson agregó que le gustaría casarse en Gran Bretaña pues quiere sentirse "como en casa".

“El clima en Los Ángeles es genial, pero si yo fuera a casarme, creo que me gustaría hacerlo en casa”, concluyó el intérprete de "Edward Cullen".

GRACIAS A MMENAGV 

PECADO ORIGINAL CAP VIII


LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHENIE MEYER, LA TRAMA ES MIA.
PROHIBIDA TODA REPRODUCCION TOTAL O PARCIAL DE LA MISMA.

CAPITULO VIII PLATICAS Y PARRILADA
POV EDWARD

Estaba que no cabía en sí de la felicidad que sentía, bella al fin había aceptado luchar por lo que sentíamos, y eso era todo lo que necesitaba, aun que detestaba la idea de irme, sabía que en parte era lo mejor, bella tenía un buen punto en eso, pero la idea de separarme de ella me mataba, como podría estar sin sus besos, sin sus abrazos, sin hacerle el amor.

¿Estás bien amor? Dijo sentándose a horcadas sobre mí, yo está sentado en la cama apoyado del respaldo de esta, era una suerte que papá y mamá fueran de visita con los Thompson.

Si, es solo que pienso en la visita que le haremos al tio Charlie esta tarde.

Tranquilo amor, ya lo hablamos es lo mejor, y no podemos aplazarlo mas, han pasado dos días. Dijo rodeando mi cuello con sus bracitos.

PREVIEW APUA

ADELANTO APUA

Bella…-la llame, ella estaba mirando por la ventana, al oir mi voz giro hacia a mi y me sonrio, los rayos de sol que se colaban entre las cortinas le daban un tono rojizo a su cabello.-¿puedes venir?-pregunte


-¿Qué pasa?-me pregunto, sentándose a mi lado, saque el libro que sostenía entre sus manos y lo coloque en la mesita de noche del lado derecho, tome sus manos entre las mias y deposite un besos en ellas.

-Tenemos que hablar de algo muy importante-

-¿De que?-me pregunto ella recostándose junto a mi, movi mi brazo para abrazarla pero sentí como si me fuese a partir en dos nuevamente.-No hagas fuerzas.-me dijo ella.

-Estoy bien-menti

-Si claro-murmuro mientras acomodaba nuevamente las almohadas detrás de mi.-Debes cuidarte-

-Lo hago-dije-He pensado que tal vez…

-¿Es algo malo?-pregunto de repente asustada-¿Hice algo que no te gustara?

-No-dije yo-No es nada de eso amor-

-¿Entonces?-

-Nos vamos a la capital bella-

-¿Qué?-me pregunto-Espera, ¿Por qué?-

-Creo que necesitamos empezar en un nuevo lugar-susurre con la esperanza de que esto no desencadenara una nueva pelea.

jueves, 16 de junio de 2011

PERDONAME MI AMOR CAPITULO VI

Capítulo Seis

 
Poco después de medianoche, Michael la llevó a su casa. Bella aún seguía molesta, por haber tenido que cenar con Edward observándola. ¿Habría sido una coincidencia o le habría contado su padre dónde iba a llevarla Mike? Tenía que averiguarlo.

-Lo he pasado en grande -le dijo a Michael cuando éste apagó el motor del Mercedes delante de su casa-. Gracias por la cena.

-Ha sido un placer -dijo él con sinceridad.

Se inclinó hacia ella lentamente, dándole tiempo para retroceder.

Pero Bella no retrocedió. Le gustaba Michael. Aquella no¬che le había servido de parachoques con Edward. Se lo debía. Sonrió y cerró los ojos.

Era agradable besarle. Pero no era tan explosivo ni inquie¬tante como besar a Edward. Edward. Nadie podría conmoverla como lo hacía Edward. No podía hacerle creer a Michael algo que no era cierto. Se echó hacia atrás con un suspiro.

Él le acarició la cara y se encogió de hombros. Luego sonrió. No estaba enfadado.

-Eres una buena chica -dijo-. De todos modos, tienes que salir conmigo. Te proporcionaré todo tipo de información inútil y te dejaré boquiabierta con mi pericia como guía local. Ella se echó a reír.

-¡Estás loco!

Él le cogió una mano y se la llevó a los labios.

-No permitas que ese pelirrojo furioso vea esa mirada tuya, cariño le aconsejo, asintiendo cuando ella se alteró-. ¡Oh, sí! Eres muy transparente a veces, señorita inocente. No creo que él se haya dado cuenta, porque entonces te tendría en el bote. Edward no se anda con rodeos.

Ella lo sabía mejor que él.

-Estás equivocado -replicó con firmeza-. Estuve enamo¬rada de él cuando tenía dieciocho años, pero ya pasó. Ya no siento nada.

-Claro que no -dijo él, burlándose de ella. Se inclinó y la besó en la frente.

-De todos modos, ten cuidado. No me gustaría que te hicieran daño. Me gustas mucho, señorita enfermera.

-Eres una buena persona -murmuró Bella.

-Lo intento, lo intento. Damos una fiesta en el jardín el sábado. Estás invitada. Te recogeré a las diez. Y no discutas. Considéralo como una clase particular -añadió perversamente.

-¿Y qué opinará tu familia de que invites a una empleada de los Masen?

-¡Por amor de Dios! ¡No empieces con eso! De lo único que debes preocuparte es de no perder la cabeza mientras mantengas a raya a mi madre y a mi hermana. Mi padre será fácil de manejar.

Soltó una risita.

-Le gustan las chicas bonitas.

-Bueno... Si a ti te apetece, a mí también. Pero no quisiera avergonzarte, y tengo una lengua rápida.

-¿De verdad? ¡Enséñamela!

-¡No seas tonto!

El se estiró lánguidamente, sonriendo aún.

-Bueno, es demasiado tarde para jugar al ajedrez con tu padre. Será mejor que me vaya a mi solitaria cama a intentar dormir.

La miró de reojo mientras ella cogía la manivela de la puerta.

-¿Seguro que no quieres venir a compartir mi almohada, Bella? Puedes utilizar mi cepillo de dientes. Incluso, compar¬tiríamos la colcha.

-Gracias, pero mi padre tiene una escopeta enorme.



-Retiro la invitación. Soy alérgico a los disparos de es¬copeta.

Ella se inclinó y le besó en la mejilla.

-Eres un hombre encantador. Me gustaría haberte conoci¬do hace cinco años.

-A mí también. Buenas noches, amor. Hasta el sábado por la mañana. A las diez en punto.

-¡Espera! ¿Qué debo llevar?

-Algo femenino y ligero.

Le vio alejarse preguntándose qué significaría «ligero». ¿Un vestido de cóctel? Sonrió maliciosamente mientras entraba en su casa. ¿Un camisón?

Su padre ya se había acostado. Tendría que esperar a la mañana siguiente para preguntarle si le había dicho a Edward a dónde iba a ir con Mike. Pero al bajar las escaleras para desayunar, se encontró a Edward sentado en la cocina con su padre, tomando café.

-Bueno, ya era hora -musitó Edward, mirándola-. ¡Bo¬nita manera de tratar a un hombre herido! ¡Hacerle esperar hambriento mientras tú duermes después de tu apasionada cita!

Apenas eran las seis de la mañana. Estaba medio dormida, despeinada, sin maquillar y llevaba su vieja bata verde encima del camisón transparente.

-¿Qué hombre herido? ¿Y qué haces tú aquí?

-Tu padre. Mira al pobre hombre. Está tan débil por el hambre que apenas puede tenerse sentado.

Su padre lo estaba pasando en grande. Le miró.

-¿Débil por el hambre? ¡Tonterías! ¿Desde cuándo eres su guardián?

-Alguien tiene que protegerle de su descastado retoño -re¬puso Edward obstinadamente-. ¿Siempre duermes así?

Ella se sonrojó furiosamente y se volvió para comenzar a preparar el desayuno.

-¿Estás aquí para criticarme o para desayunar? -le pre¬guntó mientras comenzaba a freír beicon.

-Para desayunar -contestó Edward-. Estoy muerto de hambre. Mary June se ha torcido un tobillo y no puede andar. Y Lauren no se levanta hasta las once.

-¿Dónde está tu padre?

-Se ha ido a El Granero Rojo a desayunar.

-¿De verdad? Me asombra que no le hayas traído contigo.

-Le invité. Pero no quiso abusar.

Bella sintió deseos de tirarle algo. Y su padre les oía tranquilamente tomándose el café. ¡Hombres!

-Me gustan los huevos fritos -señaló Edward cuando ella comenzó a batir varios en un cuenco.

¿De verdad? ¡Qué bien!

Siguió rompiendo huevos y echándolos en el cuenco.

-¿Siempre es tan antipática por las mañanas? -le preguntó Edward a su padre.

-No, en absoluto -replicó Charlie-. Es repugnantemente alegre.

-Entonces debe ser por mí -dijo el hombre más joven con un suspiro.

Observó a Bella mientras se movía entre las sartenes. Edward llevaba sus ropas de trabajo; vaqueros y una camisa. Bella deseó que no la llevara a medio abrochar. Su pecho semidesnudo la distraía de su tarea de hacer tostadas.

-Tostadas -suspiró Edward, apoyando los antebrazos en la mesa-. Nadie las hace como tú, Bells.

-¿Cómo lo sabes? -le preguntó, echando un vistazo por encima del hombro mientras cortaba el pan y lo ponía en la sartén.

-Suelo venir a tomar café con tu padre. Después de mar¬charte tú, desde luego, pero generalmente quedan tostadas. Me encanta cómo las haces.

A Bella le disgustó que su comentario la complaciera tanto. Contuvo una sonrisa. Edward y su padre comenzaron a hablar y ella puso la mesa y terminó de cocinar.

Cuando acabó, colocó la comida sobre la mesa y se dirigió a la puerta.

-¿Dónde vas? -preguntó Edward.

-A vestirme.

-Se enfriará todo -la riñó su padre-. ¡Por amor de Dios! Siéntate. Vas decentemente cubierta.

-Opino lo mismo -le secundó Edward-. Siéntate mujer, no me inflamarás de pasión. Tengo fuerza de voluntad.

Bella cometió el error de mirarle a los ojos en aquel instante, con los recuerdos del picnic del domingo reflejados en la cara. La mirada que intercambiaron la hizo estremecerse. Afortunadamente, su padre estaba ocupado untando mantequi¬lla en el pan. Apartó la mirada y se sentó en frente de Edward. Al servir el café, le temblaban las manos.

-Trae.

Sus dedos le acariciaron las manos antes de quitarle la cafetera y sus ojos verdes buscaron su mirada.

-¿Lo pasaste bien anoche? -preguntó con voz suave.

-La comida era deliciosa. ¿No opinas lo mismo?

-Sí.

-¿Le gustó a la señorita O'Clancy? Él se agitó en su silla incómodo.

-No le gusta la cocina francesa.

-Entonces, ¿por qué la llevaste a un restaurante francés?

-No me lo dijo hasta que era demasiado tarde.

Deseaba preguntarle si sabía que ella y Mike iban a estar allí. Pero le faltó valor. Se concentró en su desayuno, dejando hablar a los hombres de los asuntos de la granja.

Cuando terminaron, recogió la mesa y dejó los platos en remojo mientras se vestía.

-Tengo prisa. Entro a las siete -comentó, secándose las manos.

-¿Se terminará el mundo si llegas unos minutos tarde? -gruñó Edward, como si no quisiera que se marchara.

-No, pero mi trabajo podría terminarse -replicó ella-. A diferencia de usted, señor Masen, yo tengo que trabajar para vivir.

-¡Isabella! -exclamó Charlie.

-Es cierto -le dijo Edward-. Bella y yo llevamos años peleándonos. ¿No lo habías notado?

-Sí -replicó Charlie.

Keegan se bebió su café tranquilamente.

-¿Te gustaría ir a navegar conmigo el sábado? -preguntó inesperadamente.

Ella le miró boquiabierta.

-¿Yo? ¡Dios mío! ¡Últimamente estás muy generoso con tus empleados!

-¡Bella! -gimió su padre, ocultando la cara en las manos.

-Me gustan mis empleados -repuso Edward-. ¿Y harás el favor de dejar de avergonzar a tu padre?

-Al fin y al cabo, es mi padre. ¡Puedo hacerle avergonzarse si me da la gana!

-¿Vendrás a navegar o no? -insistió él.

-No me gusta navegar.

-¡Fuiste con Michael!

-Me gusta Mike. Preferiría pescar o pasear. Pero fui a navegar con el porque me gusta su compañía. La tuya no. ¡Y sabes por qué!

Él la miraba fijamente mientras Charlie los observaba con curiosidad.

-Además -musitó ella, apartando la mirada-, Mike me ha invitado a una fiesta en su jardín el sábado por la mañana.

-¿En su casa?

Le miró.

-Estarán presentes su madre y su hermana, además de los otros invitados. Y antes de que me lo preguntes, te diré que no, no lo ha hecho colgado de las ramas de un árbol. ¡Se lo pregunté y me contestó!

-¡Dios mío!

Charlie se cubrió la cara otra vez, moviendo la cabeza.

-¿En qué he fallado con ella?

-¿Quieres callarte? -le dijo Bella a su padre. Luego volvió su enfadada mirada a Edward-. ¿Ves lo que has con¬seguido?

-¿Cómo puedes preguntarle algo así? ¡Le darás ideas!

-¿A papá?

-¡A Michael! ¡Lo sabes perfectamente bien!

Edward estaba furioso. La cara se le había puesto tan roja como el pelo.

-¿Intentó algo anoche?

-¿Y tú? -repuso ella.

Él estaba cada vez más furioso.

-Escucha, Bella, te vas a meter en líos si sigues con ese play-boy.

-Papá, ¿por qué no le dices que mi padre eres tú y que no tiene derecho a interrogarme así? -se quejó Bella.

Charlie sonrió.

-Está haciéndolo muy bien, cariño. Ella levantó las manos.

-¡Me voy a trabajar!

-¿Huyes? -la provocó Edward.

-¡Por supuesto!

Subió a su cuarto, se puso el uniforme y se maquilló. Cuando volvió a la cocina con la toca en la mano, Edward seguía sentado allí.

-Tienes un aspecto estupendo, pequeña -comentó después de mirarla aprobadoramente-. Pareces un ángel de mise¬ricordia.

Ella apretó los dientes y se sonrojó.

-Llegaré tarde si no me doy prisa -musitó, inclinándose a besar a su padre en la mejilla-. Hasta luego.

-¿No me besas a mí también? -preguntó Edward.

-Sólo beso a la familia.

-¿Y a los primos muy lejanos? Iré corriendo ahora mismo a investigar la historia familiar.

Ella le sacó la lengua.

-¡Bruto!

-Que pases un buen día, cariño-le deseó Charlie mientras salía.

Ella le deseó lo mismo sin mirar a Edward y corrió hacia su coche. No creía que fuera capaz de seguirla, pero no iba a darle ninguna ventaja.

Fue un día muy largo. Hubo una urgencia tras otra, y al final de su turno estaba agotada. Mike la llamó aquella noche y el cansancio apenas le permitió hablar con él. El resto de la semana estuvo igualmente ocupada. En cierto modo, fue una bendición porque así no tuvo tiempo de pensar en Edward. No había acudido el jueves a jugar al ajedrez con su padre debido a una reunión de negocios. Bella estaba ansiosa de que llegara el fin de semana para descansar.

El viernes por la tarde salió con Angela para comprarse algo ligero para la fiesta en casa de Mike.

-Esto se está convirtiendo en el ritual de los sábados -dijo angela riéndose mientras recorrían el enorme almacén.

-Sí, lo sé -suspiró Bella-. Espero no quedarme sin dinero antes de que se agoten los sitios a los que Mike quiere llevarme. No me entusiasma esta fiesta. No conozco a nadie de los que van a ir.

-Eres tan buena como cualquiera -le recordó Angela-. No lo olvides.

-Lo intento. Si no me gustara tanto Mike, no iría. Es un hombre encantador, pero nuestra relación no va a ser nada serio. No suenan campanillas.

-Las campanillas son ruidosas -dijo Angela con firmeza-. Debes buscar seguridad. ¡Por amor de Dios, Bella! ¡Las cam¬panillas pueden comprarse¡

Bella se rió del espíritu práctico de su amiga. -¿Qué haría yo sin ti?

-No intentemos averiguarlo. Este es un bonito vestido -dijo llevando a su amiga hasta una túnica de algodón blanca y morada con muchos volantes.

Destacaba las bonitas y largas piernas de Bella y el bron¬ceado de cara y brazos. Le daba un aspecto de ingenua.

-Éste es -dijo Angela con seguridad-. Ahora, a pagar antes de que mires la etiqueta del precio. ¿De acuerdo?

Fue lo mejor que Bella pudo hacer, porque costaba la mitad de su sueldo de una semana. Pero siempre podría utilizarlo para asistir a barbacoas o a meriendas y a otros acontecimientos sociales, como ser presentada a la Reina si alguna vez pasaba por Lexington.

Se lo dijo a Angela y su amiga se retorció de risa.

-Puedes ponértelo para ir a la iglesia, ¿no? Además, ima¬gina ¡cuántas cabezas se volverían si aparecieras con este vestido! Bella suspiró. La única cabeza que le importaba era una cobriza. Probablemente acabaría casándose con la joven irlan¬desa. La idea la deprimió y para animarse, invitó a Angela a tomar una enorme banana split en un heladería cercana.

A la mañana siguiente, Mike pasó a recogerla a las diez. Estaba tan nerviosa que casi se volvió atrás.

-Todo saldrá bien -le aseguró él-. Estás preciosa, tonta, y yo estaré a tu lado todo el tiempo. ¿De acuerdo?

-De acuerdo. Pero, por favor, no me dejes sola.

-No te dejaré -prometió él-. Vamos.

Su padre no estaba. No le había visto desde que se había levantado. Le dejó una nota y salió acompañada por Mike. La casa de Mike era maravillosa. Era casi tan grande como Flintlock y se erguía en medio de una enorme extensión de césped rodeada por vallas blancas y caballos de carreras. Un caballo de los Granger había quedado tercero en el Derby de Kentucky el mes anterior, mientras que otro de los Masen quedaba segundo. Existía una gran rivalidad entre ambas cuadras.



-¿Te gusta? -preguntó Michael mientras aparcaba detrás de un Rolls, cerca de la enorme casa de ladrillo rojo.

-Es maravilloso, sobre todo los jardines.



-Espera a ver el patio trasero -musitó él fríamente y escoltándola hacia el mismo.

La realidad superaba todo lo que había imaginado. Habían instalado pabellones entoldados por todas partes. Las damas, con vestidos ligeros y pamelas, estaban acompañadas por caba¬lleros elegantemente vestidos con caras prendas informales. Al fondo había una enorme piscina de tamaño olímpico. Todos tenían muy buen aspecto y la aparición de Bella no causó ningún revuelo. Los invitados no parecían escandalizados porque hubiera sido invitada la hija del carpintero.

-¿Lo ves? Son como todo el mundo -bromeó mike, co¬giéndola de la mano.

-Supongo.

Echó un preocupado vistazo a su alrededor. Su mirada se detuvo en una joven morena y en una matrona de cabello blanco. Ambas vestían exquisitamente y la estaban mirando con odio.

-Mike, esas deben ser tu madre y tu hermana, ¿no? Él volvió la cabeza y sonrió falsamente. Apretó la mano de Bella.

-Ignóralas -dijo con expresión irritada-. Nunca les gusta nadie que traigo yo. No te lo tomes como algo personal. Les aterra que pueda casarme porque ellas perderían el control de la casa.

-Vamos a conocerlas. Me encantan las películas bélicas.

Él se echó a reír entusiasmado.

-Eres una pequeña amazona. Está bien. Vamos allá. Bella sentía pavor, pero no estaba dispuesta a estar incó¬moda toda la mañana. Durante sus cuatro años como enfermera había aprendido a tratar con la gente.

Sonrió ampliamente a ambas mujeres y le divirtió la sorpresa que se reflejó en sus caras perfectamente maquilladas.

-¿Ésta es tu invitada? -le preguntó la señora Newton a su hijo, mirando desdeñosamente el vestido de Bella-. ¿No te conozco, querida? -añadió con una sonrisa ligeramente ma¬liciosa mientras su hija las observaba con un brillo similar en los ojos-. Eres la hija del carpintero de los Masen, ¿no?

-¡Dios mío! ¡Así es! -contestó Bella arrastrando las palabras-. Y ustedes deben ser la familia de Michael.

Cogió la mano de la madre de Mike y la estrechó fir¬memente.

-¡Estoy encantadísima de conocerlas! No puedo decirles cómo me quedé cuando Mike me invitó. ¡Imagínense! ¡Una pobrecita como yo en un sitio tan increíble como éste! Haré un gran esfuerzo para no sorber la sopa y para no limpiarme la boca con la manga. ¿Eso es una piscina de verdad? ¡Ustedes deben ser asquerosamente ricos!

La señora Newton estaba boquiabierta. Y su hija. Michael estaba doblado de risa.

-¡Me chiflan las fiestas! -continuó Bella, con toda de¬senvoltura-. ¿Estará mal si me desnudo y me baño en ropa interior? No he traído bañador.

La señora Michael carraspeó.

-Yo...

Miró irritada a su hijo.

-¿Michael?

Él se enderezó con lágrimas en los ojos.

-Madre, no tienes nada que hacer con Bella -dijo, secándose las lágrimas-. Ya me has oído hablar de ella. Por favor, ignora sus atroces modales -añadió, dando un tirón del pelo corto de Bella-. El aire fresco de la mañana le ha afectado el cerebro. Bella, cariño, éstas son mi madre y mi hermana Sandra.

-Debo disculparme por mis atroces modales, si no te im¬porta -le dijo ella con firmeza. Se dirigió a las dos mujeres, sonriéndolas maliciosamente-. Estoy encantada de conocerlas. Y no deben preocuparse. No voy a bañarme en ropa interior. En realidad, no sé nadar.

La señora Newton estaba muy agitada. Su hija parecía divertirse.

-Encantada de conocerte, Isabella Swan -dijo Sandra con una sonrisa-. Felicidades. Acabas de pasar la prueba de fuego. ¿Verdad, madre?

Bella rió encantada y estrechó la mano que Sandra le tendía.

-Lamento haberme pasado un poco -se disculpó-. He tenido una semana espantosa. Además, estaba asustada.

-Bella es enfermera -las informó Mike orgullosamente, acercándose a ella-. Trabaja en el Peterson Memorial.

-Estoy impresionada -dijo la señora Newton, y parecía sincera-. Vete, Mike, y déjanos hablar con la señorita Swan.

-No la intimides -le advirtió él a su madre-. Me gusta.

-Yo nunca intimido a la gente -fue la indignada réplica-. ¡Lárgate!

Mike besó a Bella en la mejilla y, con las manos en los bolsillos, se unió a un grupo de hombres.

-Siéntate, querida -dijo la señora Newton, guiando a Bella hasta una sombrilla, cerca de la piscina.

Junto a ellas pasó un camarero con una bandeja de vasos con limonada helada. La señora Newton cogió tres vasos y se sentó a la sombra, abanicándose la redonda cara con la mano.

-Hace tanto calor -se quejó-. Me gustaría estar en St. Croix, pero Sandra se empeñó en organizar esta fiestecita.

-No te quejes, madre.

Sandra se parecía mucho a su hermano. Tenían una edad similar y los mismos ojos negros y dientes muy blancos.

-St. Croix está en el Caribe, ¿verdad? -comentó Bella mientras bebía su limonada-. Tenemos un paciente que acaba de volver de allí. Debe ser maravilloso poder viajar.

-Termina siendo aburrido -dijo la señora Newton-. Yo disfrutaba más cuando era más joven que ahora. Aunque debo confesar que soy una entusiasta de las Indias Occidentales. La vida es mucho más tranquila. Allí puedo relajarme.



-¿Vas a casarte con Mike? -preguntó Sandra brus¬camente.

Bella sonrió.

-No.

-Comprendo -murmuró Sandra con una sonrisa ma¬liciosa.

-No, no creo que lo comprendas -replicó Bella-. Yo no tengo aventurillas. Ni siquiera con hombres ricos. Tu herma¬no me gusta mucho, pero no lo suficiente para casarme. Estoy interesada en mi profesión, no en el matrimonio.

-Bueno, nunca se sabe -intervino la señora Newton son¬riendo-. Es cuestión de encontrar a la persona adecuada. ¿Qué tiene de malo mi hijo? ¿No es lo bastante bueno para ti?

-Es maravilloso -dijo Bella con sinceridad-. Me gus¬taría haberle conocido hace unos años. Pero se merece a una mujer que le ame por entero. Yo no puedo.

-Es culpa tuya -le dijo Sandra a su madre-. Si no la hubieras insultado cuando llegó...

La señora Newton se sonrojó.

-Ya sabes la clase de mujeres que suele tratar Mike -con¬fesó con pesar-. Y, bueno... Hace unos años hubo rumores sobre ti...

Se sonrojó más profundamente.

Bella tuvo que morderse la lengua para no responder bruscamente.

-¿Qué clase de rumores? -preguntó tan educadamente como pudo.

-Sobre ti y Edward Masen -contestó Sandra-. Victoria te acusó de ser la responsable de su ruptura. Le acusó de haber tenido una aventura contigo.

-¡Es falso! -exclamó Bella.

Y lo era. Había hecho el amor con él una vez, pero aquello no constituía una aventura.

-Edward salió conmigo una vez para darle celos. Le salió bien. Al día siguiente, se comprometieron y yo me marché a estudiar a Louisiana aquella misma semana. Eso es todo lo que ocurrió.

La señora Newton sonrió tristemente.

-Lo siento muchísimo. De haberte conocido, no habría creído los rumores. Las madres tendemos a proteger a nuestros hijos. Tal vez demasiado. Aunque debo admitir que su elección en este caso me parece muy bien.

Le ofreció a Bella un plato de aperitivos de queso.

-Toma algo. ¿De verdad no te gustaría casarte con mi hijo?

-Nosotras nos encargaríamos de todo -añadió Sandra con una sonrisa-. Tú sólo tendrías que decir sí ante el altar. El resto sería cosa nuestra.

Bella se rió suavemente. La conversación se dirigió gra¬dualmente a otros temas y descubrió que las dos mujeres eran encantadoras. No tenían nada que ver con lo que le habían parecido al principio. Cuando Mike volvió, se sentía como si las conociera desde hacía años.

-¿Aún tienes el cuero cabelludo en su sitio, cariño? -bro¬meó Mike.

-Todos los pelos en su sitio -respondió ella animadamen¬te-. Para ser ricas, son encantadoras -añadió, sonriendo ma¬liciosamente a las dos mujeres.

-Y ella no está nada mal... para ser una chica trabajadora -declaró Sandra-. Estamos intentando convencerla de que se case contigo y nos libre de ti.

Mike se sonrojó.

-Bueno...

-No te preocupes -le aseguró Bella-. Me he negado. Estás totalmente a salvo.

-¡Fiu!

Se pasó una mano por la frente como si se limpiara el sudor.

-¡Y yo que temía por mi libertad!

Le sonrió.

-En realidad, ya sabes que no me importaría casarme contigo.

-Sí te importaría. Ronco y no sé hornear pan.

-Puedes contratar a una cocinera -intervino la señora Newton, agitando un dedo en dirección a su hijo-. ¡No aceptes un no por respuesta, muchacho!

-No, señora -replicó él, ayudando a levantarse a Bella-. Ahora tendrás que casarte conmigo. Mi madre ha hablado.

-Mamá se pondrá a gritar si no circulamos -dijo Sandra, levantándose-. ¿Te traigo un abanico, querida? le preguntó a su madre.

-Algo fresco me sentaría muy bien. Mike, preséntale a Bella al príncipe árabe. ¡No debe perdérselo!

-Hasta luego -dijo Bella por encima del hombro mien¬tras Mike la cogía de la mano y la llevaba hacia la ponchera-. Me gustan tu madre y tu hermana.

-Me alegro. Después del recibimiento de mamá, estaba preocupado. Me hubiera gustado que se me tragara la tierra. No es una esnob, de verdad. Pero...

-Ella me lo ha explicado.

Mike no sabía nada de los rumores que habían corrido. Su padre nunca le había dicho nada. Claro que él no se movía en aquellos círculos, pero...

¡Qué terrible debió ser para Edward que su intento de poner celosa a Victoria terminara de aquella manera! Pero, ¿por qué habría esperado dos meses para romper su compromiso y acusar a Bella de haber tenido una aventura con Edward? No tenía sentido. Pobre Edward. Sus manipulaciones habían dañado dos vidas, la suya propia y la de Bella.

-¿Te habló de los rumores? -preguntó Mike sin mirarla.

-¿Los conocías?

Él la miró.

-Sí. Todo Lexington lo sabía, gracias a Victoria. Estaba furiosa por haberle perdido.

-¡Pero si fue ella la que rompió el compromiso!

-Eso es lo que la gente cree. Pero yo conozco a Edward y conozco a Victoria. Y te aseguro que fue él quien rompió. Ella se mordió el labio inferior mientras caminaban.

-¿Por qué?

-Tal vez le remordía la conciencia, Bella. Se portó muy mal contigo.

-Al parecer, estás muy enterado.

-Tú no te acuerdas, pero yo estaba en el club Crescent la noche en que Edward te llevó allí. Le había visto en acción en otras ocasiones y vi cómo le mirabas. Es una suposición, querida, pero yo diría que aquella noche te sedujo.

Ella se puso lívida y Mike supo que había dado en el blanco.

-He acertado, ¿verdad? Consiguió lo que quería. Pero luego descubrió que Victoria no le quería a él, sino a su dinero. Todos lo sabían, menos Edward. Estaba ciego en todo lo que se refería a ella. Pero yo tengo la impresión de que lo que te hizo le abrió los ojos. Después de aquello cambió. Apenas ha salido con nadie desde entonces. Dicen que ahora lleva una vida muy tranquila. Su reputación de play-boy pertenece al pasado.

Bella no podía mirar a Mike. Se sentía demasiado aver¬gonzada de que él hubiera adivinado lo ocurrido.

Michael le acarició la mejilla y la obligó a mirarle.

-No te preocupes. Será nuestro secreto. No se lo contaré a nadie más.

Ella se tranquilizó un poco.

-Fue hace tanto tiempo... Aún me quedan cicatrices, pero ya no estoy enamorada.

-Eso es lo que tú dices, Bella. Pero cuando le miras, los ojos te traicionan. Le miras como si te estuvieras muriendo de ganas de tenerle.

Sonrió con ternura.

-Y si él capta esa mirada, estarás perdida, cariño. Porque a él le ocurre lo mismo.

-Será su conciencia.

-Tal vez sí, tal vez no. Edward se ha pasado la vida ma¬nipulando a la gente. ¿Qué te parece si le pagamos con su moneda?

Ella le miró sin comprender.

-¿Cómo?

-Iremos juntos a todas partes, nos convertiremos en una pareja habitual. Acudiremos a su restaurante favorito, al embar¬cadero, lo haremos todo menos anunciar nuestros planes futuros y le veremos sudar.

-Él no...

-Te apuesto lo que quieras. Ella titubeó.

-¿Por qué harías algo así por mí?

-Porque me gustas, cariño. Me gustaría casarme contigo y cuidarte durante el resto de mi vida, pero sé que no puedes ofrecerme tu corazón. En consecuencia, te ayudaré a conseguir lo que deseas.

-¿Y qué es lo que deseo?

-Venganza. O cierta satisfacción. Lo que sea. Vamos, Bells. Mi madre y Sandra nos ayudarán.

-Bueno...

Había ciertas posibilidades y sería divertido. Sonrió.

-De acuerdo.

-Buena chica.

La besó en la mejilla.

-Vamos a conocer al príncipe árabe.

Bella confiaba en que no les saliera el tiro por la culata. Sería divertido manipular a Edward un poquito, pero no quería quedar atrapada. Con una vez bastaba.



ORACION A MI SEXY VAMPIRITO

Edward de mi guarda
De mi sexy compañia
Bebete mi sangre
De noche y de Dia
Hasta que caiga en tus brazos
Y sea tu marca de heroina