Capitulo 4
Unas piernas largas y bien torneadas se asomaron fuera
del coche, aquellos tacones rojos de aguja iban a juego con su, ya de por si estresada
y poco liberada polla. Vio la guerra interna en sus ojos. También vio que la
pequeña caliente Srta. Swan odiaba perderse o equivocarse. Ella estuvo a la
altura de la situación cada vez que la desafiaba. El solo esperaba mantenerse
unido hasta el tiempo que ella vino a el, dandole su cuerpo no a causa de un
juego, sino porque su próximo aliento dependiera de ello.
La quería así: salvaje, loca, intensa. Quería su alma
y su corazón, pero un sentimiento constante se planto en su cabeza. .Veria ella
mas allá de su edad y lo aceptaría por el hombre que era? Odiaba no estar
seguro de nada en su vida. Tenia que tener una meta, un plan, y un resultado. Bella
Swan causo estragos en su forma de pensar, porque nada era seguro con ella.
No ella era un hecho.
Ella encontraria alguna otra tonta razon para
mantenerlos separados. Pero lo bueno para el, era que conocia todo acerca de
cambiar de tactica en el ultimo minuto. Tenia que tenerla en su cama, noche
tras noche tras noche. Nada le impediria ese objetivo.
— Oh, olvide mi cartera. — Se inclino seductoramente,
dandole un vistazo de su culo desnudo mientras recogía su bolso, y luego
deliberadamente chocaba contra el, su trasero clavado cómodamente en su
palpitante y creciente polla, durante mas tiempo del necesario. La cogió de
brazo mientras trataba de alejarse, sosteniéndola contra su cuerpo, haciéndole sentir la creciente dureza que había causado.
— ¿Crees que puedes manejarlo? — Pregunto en su oído.
Sedosos mechones de pelo le hacían cosquillas en su cara. Débiles notas de su
perfume, tan sutil y potente, perforaron círculos en su mente. La quería tan desesperadamente
que podía saborearlo.
— He manejado verdaderos hombres antes, no deberias ser tan
complejo. —
Pavoneándose, se alejo de el, ya saludando a otros huéspedes caminando hacia el mirador establecido para la boda. Ella eligió su asiento al
centro de la sala improvisada entre un anciano y una niña. El fue forzado a
tomar asiento en el otro extremo, pero nada sofocaba el olor de ella en sus
dedos, ni los pies que los separaban. Metió la mano en su bolsillo y acaricio
las bragas mientras la novia caminaba por el pasillo y encontraba a su novio.
Tomo escasa atención a la ceremonia en si. Su mirada permanecía fija en Bella.
Tan pronto como la pareja fue declarada marido y mujer, y todos comenzaron
a lanzar confeti al camino, el tomo su celular de su bolsillo y le envió un
mensaje. Alzando el numero de teléfono calificado desde el celular de su tía también como parte de su plan. Leyo la sorpresa en sus ojos cuando el teléfono vibro en su bolso, y el shock al leer su mensaje. Levanto la cabeza y lo miro
directamente. Mantuvo su atención, haciendo clara su intención del texto enviado. Quería chupar tu coño mojado, ahora.
Espero un par de segundos y luego se aseguro que ella lo viera
dirigirse hacia la salida de la tienda. Se deslizo a traves de las cortinas
blancas, su polla hinchándose otra vez con la sangre caliente. Se lamió los
labios con anticipación. ¿Vendría a el?
Cinco minutos después, la puerta de tela se abrió y ella salio. Un
mayor alivio que la adrenalina se disparo en su cuerpo. Tomo su mano y la
arrastro hacia el bosque a la orilla del lago.
— Edward, ¿a donde vamos? — Pregunto ella, sin aliento tras el. Le
dio la vuelta, quito su chaqueta, la colgó de sus hombros, y la empujo contra
un árbol, a pocos metros de donde la novia y el novio recibían las deseosas
felicitaciones del resto de los otros invitados bajo el cubrimiento de la
tienda. Pronto, todos saldrían y ocuparían los asientos elaboradamente
dispuestos en las mesas. Las únicas otras personas alrededor era el personal de
servicios de comida.
— Alguien nos vera…
— Shh.
Se dejo caer de rodillas ante ella, levanto su pierna, y la puso
sobre su hombro. La fragancia de ella lo abrumo. Sumergió la cabeza entre
sus pierna y paso la lengua a través de su hinchada, goteante y caliente
humedad. Ella jadeo y se aferro a sus hombros.
— Oh, Dios…
Empujo a un lado los pliegues de su coño y luego penetro en el
centro de su sexo con un fuerte y lento impulso. Lamio la crema, suya para tomar,
apagando una sed que nunca sintió por ninguna otra mujer. Su clítoris palpitaba
contra su lengua. Froto el coño contra su cara, sus caderas sacudiéndose lejos
de el y de regreso.
Sabia que hizo volar su mente y que ella haría cualquier cosa para
venirse por el. Y quería eso. Quería su crema en la boca. Quería su esencia
inundando sus nervios y sus células. Quería poseerla desde adentro hacia fuera.
La agarro del culo, inclinando su pelvis hacia adelante para
profundizar los golpes de su lengua como si la estuviera follando con la boca.
Sus dedos apretaron su culo, exponiendola a la leve brisa de verano que
circulaba a su alrededor. Una de las manos de Bella paso a través de su pelo,
tirando sus hebras desde la raíz. Chupo todo de ella. Su bombeo. Exigiendo
dejar atrás el sentido común y salir volando aquí y ahora, en el que cualquiera
los podría ver allí de pie, con la cara en su coño, moliendo su empapado,
mojado coño.
Levanto la mirada hacia su rostro. Ella cerro los ojos, gruesas pestañas destacaban contra su piel brillante. Sus labios temblaban. Ella estaba
cerca. Podría burlarse de ella para siempre, dándole suficiente para llegar a
la cima de ese lugar y luego quitárselo, y dejarla caer profundo y comenzar
otra vez.
— Por favor, quiero venirme. Ahora.
— Di mi nombre.
— Edward… — Lo que comenzó como un susurro se convirtió en un
grito ahogado mientras su boca seguía y un orgasmo furioso salia de ella.
Sostuvo sus muslos, temblando y débil en las rodillas, impidiéndole caer a la
tierra. Pero su periodo de recuperación fue de corta duración. Les traslado
fuera de la vista antes de que el camarero, tomando un descanso de cigarrillos,
pudiera haberlos visto.
Ella se detuvo detras de el. Los invitados habían comenzado a
salir de la tienda.
— Espera, no puedo volver ahí ahora.
— .No?
— .Que quieres decir con “no”? — Susurro, su rostro sonrojado
giraba en otra sombra rosada. — Soy un completo desastre. Necesito unos minutos
para… limpiarme.
— Ninguna posibilidad de que eso suceda. — Se quito la
chaqueta de sus hombros y la deslizo de vuelta en ella. Caminando
hacia atras lejos de ella, dijo:
—Lo unico que es un desastre es tu coño, y es un
desastre encantador. Quiero
que se mantenga de esa manera.
— Pero siento como si oliera a sexo.
— Hueles como mia. — El dio la vuelta y entro en la
corriente de invitados, como si fuera una parte de ellos desde el principio.
****
Querido Dios, el era un sádico. Bella dudaba que esta demostración fuera un juego de niños para ella, o ir alrededor de otro camino,
entrando en su auto, y saltar el país. Bueno, ella había hecho su cama, por lo
tanto podría estar también en ella. Peino su cabello, arreglo su vestido, y con
cuidado, despacio, con movimientos tan mínimos como fuera posible, torpemente
hizo su camino hacia el corazón de la fiesta. Le arrebato una copa de champan a
un camarero y bebió un trago. Maldita sea, deseaba que su visión se nivelara; seguía viendo las estrellas con el orgasmo mas erótico que ella jamas había tenido, nunca. Si alguien se decidiera hablar con sus tetas en vez de su cara, verían en resplandor de su piel y el tirón de sus pechos cuando su corazón se
negara a golpear correctamente.
No, se sentía como una mujer bien jodida con la boca. ¿Como no podía parecer una también? Ella opto por sonreír como su medio de
supervivencia. ¿Y que si ella había dejado un rastro de sus jugos después? Oh,
Dios mio, no. Se apresuro a encontrar el asiento con su nombre y se estremeció al descubrir que estaba destinada a comer junto a Edward. Se lanzo sobre el
satin que cubría el asiento, salto, y puso la servilleta sobre el asiento. Debería haberlo usado en su lugar.
— ¿Preocupada por dejar una mancha de humedad? — La
voz rozo su oído tan expertamente que nadie habría sabido que el le susurro las
palabras al oído mientras tomaba asiento. Tomo su copa, una acción medida que
le dio tiempo para reevaluarse a si misma y a el.
— Bueno, hiciste que me viniera muy duro, ¿no? Me sorprendería si el vestido se queda seco. — Susurro. Por un breve instante ella
golpeo la sonrisa arrogante de su rostro, pero saco un brillo aun mas peligroso
de sus ojos.
— Si piensas que es dificil, prueba con mi polla.
Levanto su copa hacia el. — Tal vez lo hare.
— Hola Bella, ¿Como has estado? Ha sido un largo tiempo desde que
te vi la ultima vez.
Bella volvió la cabeza a la mujer que se había sentado frente a
ella. La sonrisa brillante y rizos perfectos de Maria Castel se balanceaban
hacia ella. Le gustaba Maria, aunque la mujer vivia a tres puertas de la suya,
disfrutaban un buen chisme de vez en cuando, al igual que con la señora Cullen.
— Maria, he estado bien, gracias. El trabajo me mantiene ocupada. ¿Como estas?
— Encantador, simplemente encantador. Lo siento, eres el joven
sobrino de la señora Cullen, ¿Verdad? .De visita de Nueva York? Soy Maria
Castel. — Ella llego a su lado de la mesa. Edward se levanto y sacudio.
— Edward.
— Bueno, Edward, es un placer conocerte. .Así que están aquí juntos?
— No — Espeto ella.
— .Ah?
— Si, traje a Edward porque la señora Cullen tuvo que salir
temprano para ayudar con el servicio de comida. — Una calida y gran mano
flotaba sobre su muslo, las puntas de sus dedos acariciando su piel fria, cada
vez mas cerca donde todo su calor de juntaba.
Ella movio su mano y se deslizo tan lejos a la izquierda de la
silla como podia. Queria que su tiempo con Edward fuera privado y sin ningun
drama. Incluso un inocente rumor sobre ellos podria causar un drama que ella no
queria ni necesitaba.
— Oh, por supuesto. Bueno, disfruten su comida. Creo que la comida
es maravillosa. Y tienes que venir por un cafe un dia, pronto.
Bella comió en silencio. Quería ir a casa con Edward y que él la
cautivara. Y entonces quería olvidarlo y seguir adelante con su vida. Este
juego del sexo en público se estaba haciendo con ella. Demasiada gente lo
miraba con una especie de asombroso interés y siempre estando cerca de él por
su acción significaba ella estaba incluida en esa foto. Por suerte para ella,
María mantuvo a Edward comprometido
en una constante conversación, pero eso no lo detuvo de manosearla
ocasionalmente. En el momento en que él tomó su mano, ella se estremeció
y odió la dependencia que su cuerpo tenía de él para mantener el calor.
Una vez que terminaron
su comida, no perdió tiempo en distanciarse de él.
Nuevamente la suerte
funcionó cuando él se mantenía inducido a una conversación seria por hombre y
mujeres que querían arrojarse a sus pies. Ella puso los ojos en blanco cuando
una impresionante joven rubia, de no más de veinte años, se enganchó a él.
El reconocimiento de
que algo parecido a los celos se agitó en su corazón le molestó. No tenía que
estar celosa sobre las muchas mujeres que se lo comían vivo con los ojos. Ella
quería su cuerpo; quería follar su cuerpo y luego acabar con él. Fácil, pan
comido. Lo qué hiciera después de ella, no le importaba. Y él la quería, por
supuesto que lo hacía. No le quitaba los ojos de encima. Ni una sola vez. Y el
dolor en su coño sólo se duplicó.
Cuando el sol empezó
a ponerse, la suave música proporcionada por una banda en vivo, antes tocando
de fondo, tomó el centro del escenario ahora. La novia y el novio agraciaron a
la audiencia con un baile y entonces otras parejas llenaron el escenario
especialmente montado.
Su corazón dejó de
latir por un momento mientras él caminaba hacia ella.
¿Tenía que ser tan
distrayentemente hermoso?
—Baila conmigo. —Su
suave propuesta se mezcló en las notas de la plácida música.
—No.
No podía bailar con
él en público. Eso sería como transmitir que él tenía las bragas en su bolsillo
y que ella había tenido la huella de su boca en su coño. La frustración le dio
una patada en las costillas cuando él se giró sin luchar, sin que le hiciera
proposiciones para que cambiara de opinión. En su lugar, invitó a María Castel a
bailar. El brillo de alegría en sus ojos fue suficiente para que Bella quisiera
lanzarle su helado marrasquino.
Pero él no se detuvo
ahí. Le pidió a la rubia impresionante después y luego a la Sra. Gotfield de
setenta y dos años y a su tía, y después a alguna pequeña de cinco años con
flores en su pelo y calcetines de encaje en las piernas.
—¿Ahora quieres
bailar conmigo?
Ella no podría
contener su sonrisa aunque inyectara sus labios con drogas de dentista. Puso su
mano en la de él y una carga eléctrica se apoderó de ella.
Conocía su toque.
Pocas horas después de conocerlo, lo reconocería en cualquier parte, con los
ojos vendados o en sueños.
Él la llevó entre sus
piernas, su mano atravesó la parte inferior de su columna vertebral y la otra
se enroscó alrededor de sus dedos y la apoyó contra su pecho. El ritmo fuerte y
constante de su corazón la confortaba. Se sentía segura y arropada en sus
brazos. Las personas alrededor se dispersaron y desaparecieron de su mente y de
su vista. Aspiró su olor, discreto, una mezcla de desafío y almizcle,
rejuvenecimiento y hombre.
—Encajamos —dijo,
atrayéndola más cerca.
Su cuerpo se deslizó
en él. Se moría de ganas de correr la mano por el grosor de su sedoso cabello
negro. Tirar de él más cerca de sus labios, saborearlos con su boca. Le
provocaba cosas extrañas.
—¿Por qué no bailas
con alguien más?
—No podría soportar
incluso el pensamiento de otro hombre tocándome.
Ella se movió aún más
cerca. Sus dedos se extendieron en la base de su espalda, bordeando su culo,
derramando más líquido caliente de su vagina. Su polla se hinchó, su deliciosa
dureza la atrajo más cerca. El hermoso gris de sus ojos se volvió casi negro y
el sol se reflejó en sus gruesas pestañas. Su respiración sonaba como gruñidos
tortuosos a sus oídos. Se perdió en él.
Él la tentó. La
sedujo. Siguió con los ojos muy abiertos, incapaz de darse la vuelta, bloquear
su poder, o luchar contra él. Algo se encendió en su corazón.
Algo que nunca antes
había sentido. La extasiaba y ella se lo permitía y le gustaba y lo quería.
La música murió. Sus
sentidos volvieron a la vida y se apresuró a salir de su abrazo, sacudir hasta
la médula de su ser. El hambre sexual no era así, le gritaba su cuerpo. Sacudió
la cabeza y culpó a la música, la seducción del crepúsculo provocando un cielo
azul púrpura, su olor, sus necesitadas hormonas, todos los factores que podrían
fácilmente manipular la lujuria por… por… gusto.
Cuando la Sra. Cullen le pidió a Edward que le ayudara a recoger los platos y condujera su furgoneta
de vuelta a casa ya que su conductor/camarero había bebido hasta el estupor
cuando nadie estaba mirando, ella tomó el respiro con ambas manos, deseó a
todos una buena noche y aceleró a casa.
Tomó una larga ducha,
alternando la temperatura del agua de congelada a vapor caliente. La punzada en
su coño se mantenía sin curar. Bueno, mala suerte. ¿Cómo podía pensar en sí
misma capaz de lograr una relación sin ataduras con un hombre, mucho menos con
un hombre toda una década menor que ella? Lo que necesitaba era su consolador,
el cual tenía él y no tenía problema en echárselo en cara. Y sus bragas. Oh,
mierda.
Se puso un camisón de
encaje que apenas cubría su trasero desnudo y se dirigió a la cocina para tomar
una taza de té de manzanilla. Su teléfono y su hervidor sonaron al mismo
tiempo. Edward. Conocía ese número. Sus manos temblaban, la indecisión
haciéndolas sudar. Dios, lo quería. Lo necesitaba esta noche. Respondió su
teléfono.
—Déjame entrar. —Su
voz áspera mandó desde el otro extremo. Ella dejó caer su teléfono y corrió
hacia la entrada, abrió la puerta y lo miró fijamente. Se había quitado la
chaqueta y las mangas estaban enrolladas hacia arriba para revelar la fortaleza
esculpida y los tatuajes en sus antebrazos. Su coño se apretó.
Con su pierna él
cerró la puerta detrás de él e intentó agarrarla. Por una fracción de segundo,
su ruda masculinidad sexual le dio miedo. Nunca conoció tanta pasión, ni
siquiera con Dean, especialmente no con Dean y había estado comprometida con
él.
Durante largos
segundos sólo sus respiraciones entrecortadas resonaron por la habitación. Él
alisó su cabello fuera de su cara. Se alejó un poco de su cuerpo y dejó su
mirada barrer sus pechos tallados en encaje. No necesitaba mirar sus pezones
para saber que se filtraban a través de la endeble tela para él.
—Dios, eres preciosa
—susurró contra su mandíbula. Sus dedos se deslizaron sobre sus labios
entreabiertos. El aliento se le quedó atascado en la garganta. Ella nunca se
sintió más hermosa en toda su vida.
—He querido besarte
durante tanto tiempo, Bella. Me moría de ganas de besarte, todos los días
durante años.
—Bésame, Edward.
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hola a todas lo prometido capitulo nuevo nos vemos mañana en un nuevo capitulo
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