Capitulo 18
Milagros y Tragedias
Isabella
Había pasado una
semana desde nuestra primera cita oficial, y todavía no podía sacármela de mi
cabeza. Lo que él hubiera querido de mí esa noche, podría haberlo conseguido,
pero en lugar de eso, lo hicimos. Sí, fue… apasionado, y la lujuria nos invadió,
pero sólo nos desnudamos hasta nuestra ropa interior y nos besamos. Hubo
momentos en que hablamos de cosas al azar, como su hogar en la infancia y cosas
que le gustaban hacer, aparentemente también le gustaba nadar. Hablamos hasta
que me quedé dormida con sus brazos alrededor de mí. Su razón para no dormir
conmigo era simple: era nuestra primera cita. Dijo que no duermes con la chica
en la primera cita… al menos, así funcionaba para él. La gente suele decir que
salir en citas es un juego, y si lo era, Edward lo había dominado como una
forma de arte. Fue gracioso, al menos para mí: el hecho que no dormimos juntos
hizo la noche aún más memorable.
―Dr. Cullen, por
favor, haga la cirugía.
Cuando fui por la
esquina, oí un sollozo.
Allí estaba Emmet McCarty,
agarrando la bata blanca de Edward.
Sus tres internos
trataron de ayudar, pero él simplemente les hizo un gesto con la mano.
―Emmet…
―Ella es todo lo que
me queda. Es mi niña, tiene que haber algo más que pueda intentar. ¡La hemos
presionado y presionado, hemos bombeado sus venas llenas de veneno! ¡Tiene que
hacer la cirugía!
―El tumor es…
―¡A la mierda el
tumor! ―gritó, soltando la bata de Edward y empujándolo―. ¡A la mierda el
jodido tumor! ¡Lo quiero fuera de ella, y si no lo haces, encontraré a alguien
que lo haga! ―Volvió a entrar en la habitación, la puerta se cerró de golpe.
Edward respiró hondo, diciendo algo a los médicos que lo
rodeaban antes de dirigirse hacia las escaleras.
Sólo cuando se fueron todos me dirigí a la puerta del
paciente, agarrando el cuadro en mis manos. Insegura de si debía o no entrar,
puse la pintura en la puerta, pero antes de que pudiera irme, se abrió de
nuevo.
―Lo siento. ―Retrocedí rápidamente. Emmet parecía
comprensiblemente peor que la última vez que lo había visto; los círculos
oscuros alrededor de sus ojos parecían una demostración que en realidad no
había dormido en años. Su mirada bajó hasta el cuadro que había caído en la
habitación.
―¿Lo trajiste? ―preguntó Molly a su espalda.
―Hice una promesa, ¿verdad? ―Sonreí, inclinándome para
recoger el cuadro del suelo. Sin decir una palabra, se hizo a un lado para que
yo entrara.
Me acerqué a su cama. Su piel parecía casi gris, y ni
siquiera podía levantarse. Su bufanda era del rosa brillante más brillante que
había visto, y tenía un moño en el brazo donde estaba su IV.
Sacando una silla, me senté, colocando el cuadro en mi
regazo.
―¿Puedo abrirlo por ti? ―le pregunté.
Hizo todo lo posible por asentir.
Sacando el papel marrón, lo sostuve más cerca para que ella
lo viera.
―¿Qué piensas?
―Papá, es mamá y el bebé. ―Extendió la mano para tocarlo y
sonrió a su padre, quien se apoyó contra la ventana con su mano sobre su boca,
mirando el retrato familiar de ellos. Tragando el nudo en su garganta y se
arrodilló junto a su cama, tomando su mano.
―Sí… sí, cariño, ellos son ―susurró.
Al verlos, sentí que mis ojos ardían.
―¿Qué le dices a la Srta. Swan?
―¿Puedo realmente tenerlo? ―preguntó.
Riendo, asentí.
―Por supuesto que puedes tenerlo. Lo hice para ti… para los
dos.
Él me miró y volvió a ponerse de pie.
―Molly, todavía tienes que darle las gracias ―le dijo.
―¡Gracias!
―De nada. Sigue mirándolo, y, esperemos que pueda hacerte
sentir mejor, ¿de acuerdo? ―Si tan sólo fuera así de fácil.
―Me siento mejor ahora. ―Tocó el rostro de su madre.
―Vendré a visitarte más tarde, ¿está bien?
―Te acompaño ―dijo su padre cuando asintió.
No tenía por qué hacerlo, pero sentía que no aceptaría un no
como respuesta. En el momento que salí, cerró la puerta detrás de nosotros.
Se quedó allí, luchando contra las lágrimas, pero fallando.
Respirando hondo, me sonrió.
―Sé que no me conoces demasiado bien, pero ¿puedo abrazarte?
Asintiendo, envolví mis brazos alrededor de él.
Soltó un pequeño sollozo, pero lo ahogó lo mejor posible.
Sentía como si estuviera cayendo, o simplemente
desmoronándose en mis brazos.
Finalmente se apartó, luego se limpió los ojos.
―¿Cómo supiste lo del bebé que iba a tener?
―Oí a algunas enfermeras susurrando al respecto. Todo está
bien…
―Es más que eso. Gracias. Muchas gracias. ―Tomó mis manos y
se volvió para mirar a su habitación―. Estoy tan asustado. No sé qué hacer.
Ella está sufriendo tanto, y no puedo hacer nada más que sentarme aquí y mirar.
Se desmayó esta mañana, está muriendo, y sus médicos dicen que no pueden
operarla. Debería irme, ¿no? Debería intentar otras opiniones, ¿verdad?
Deseaba que fuera una pregunta retórica, pero realmente
estaba pidiendo una respuesta.
―Emmet, no soy doctora, no lo sé.
―Pero si fuera tu hija…
Suspiré.
―Lo siento mucho, Emmet, me gustaría poder ayudarte.
Realmente no sé qué decir. No puedo responder eso porque no tengo hijos. No
puedo entender la posición o el dolor en el que estás. Todo lo que puedo hacer
es decirte que confíes en ti mismo. Haz lo que creas que es correcto para
Molly. Eso es todo lo que puedes hacer, ¿no?
Estaba en silencio, y
fue casi tan doloroso como si estuviese hablando.
―Entra, te está llamando. ―Saludé de nuevo a la niña dentro.
―Gracias de nuevo ―susurró, con la mano en la puerta.
―Por supuesto.
Me quedé allí un poco más antes de volver a mi estación. Si
me sentía tan mal, me preguntaba cómo se sentía Edward. No podía imaginar tener
tanta presión sobre sus hombros, y ese era sólo uno de sus pacientes. ¿Cómo
hacía? ¿Cómo se las arreglaba con todo? Cuando estaba en casa, era como si el
doctor en él estuviese apagado. Nunca llegó a contarme detalles sobre nada.
Siempre decía "salvé a alguien"… pero, ¿qué pasa con la gente que no
podía salvar?
¿No me dice porque cree que no podría entenderlo? Sabía que no podía
romper la confidencialidad médico-paciente, y no quería que lo hiciera, sólo
quería saber cómo estaba.
―¡Bella! ―Jasper se acercó a mí, vestido con jeans oscuros y
una bonita chaqueta de cuero.
Me había dado cuenta que después de haber declarado que no
iba a ser médico, su moda estaba cambiando ligeramente. Supuse que estaba
siendo finalmente quien realmente era. Incluso le habían perforado la oreja.
―Oye, ¿no te vas de gira? ―pregunté cuando me alcanzó.
Frunció el ceño.
―No puedes esperar para sacarme del camino, ¿verdad?
―Eso no es lo que quise decir. ―Me reí.
―Lo sé. Me voy mañana. Sólo vine a almorzar con mi madre y
pedirte un pequeño favor.
―¿Qué?
Asintió detrás de mí al mural.
―No volveré para la inauguración, y me he estado muriendo por
ver lo que estás haciendo allá atrás. Juro que algunas personas ya han echado
un vistazo.
―Todo el mundo está tan impaciente. No puedes ver el efecto
completo del mural si no te alejas un poco, de todos modos…
―Por favor, Bella.
―Vas a usarlo para torturar la curiosidad de tu madre, ¿no?
Sonrió.
―¿Cómo
me conoces tan bien?
Negando, levanté la cortina, permitiéndole entrar.
Bajó la vista hacia la pintura que se extendía por el suelo y
la camisa a su lado, que una vez fue blanca, que llevaba mientras pintaba,
antes de mirar hacia arriba. Dio un paso atrás e inclinó la cabeza lo mejor que
pudo, mirando el mural completo.
―Eso es el…
―Síp. ―No quería que lo dijera en voz alta.
―Van a amar esto. ―Bajó la cabeza y me miró―. Me encanta.
―Gracias. Siempre estoy un poco nerviosa, pero si sé que
realmente te gusta, puedo seguir adelante sin miedo. ―Al escuchar una
vibración, saqué mi teléfono de mi bolsillo.
Rosalie me había enviado un mensaje de texto.
Tenemos un pequeño problema.
¿Estás en el hospital? Iré a buscarte.
―¿Está todo bien? ―preguntó Jasper.
Asentí, respondiendo el mensaje.
―¿Puedes hacerme un favor? ―pregunté, buscando mi otro
cuadro.
―Claro, ¿qué pasa?
Le entregué el cuadro.
Me miró confundido.
―¿Recuerdas los cuadros que hice para ti y Edward? Bueno,
este es el original. Quería entregárselo a tu madre hoy, pero algo ocurrió y no
sé cuándo volveré. ¿Puedes dárselo a ella por mí?
―Por supuesto que puedo. Sin embargo, lo más probable es que
llore y venga a darte un abrazo más tarde.
―Últimamente los he estado dando gratis, así que está bien ―dije,
saliendo con él solo para encontrar a Edward caminando hacia nosotros.
Miró entre nosotros dos.
Jasper me rodeó con el brazo.
―Le confesé mi amor eterno…
―¡Oye! ―Le pellizqué su costado.
Se estremeció, retrocediendo.
Edward sonrió.
―Al parecer ella no aceptó.
Jasper nos hizo una mueca a los dos, alejándose con la
pintura bajo el brazo.
Recibí otro mensaje de texto.
Estoy aquí.
―¿Le has mostrado el mural?
―Sí, ya que suplicó. Él va a perderse la gran exposición y lo
demás. Pero, ¿te importa si hablamos después? Lo siento mucho, mi abogada ha
estado tratando de ponerse en contacto conmigo, y nunca llama a menos que sea
importante. Incluso vino hasta aquí.
―Está bien. Tengo lo que necesitaba ―dijo.
―¿Qué? ―Yo no había hecho nada.
―Tenía que verte.
Sonriendo, caminé hacia las puertas.
―Es dulce, Dr. Cullen.
―Sí, ¿verdad? Buena suerte. ―Se despidió.
―Tú también ―dije, abriendo la puerta de cristal. Cuando lo
hice, vi que Rosalie ya estaba de pie frente a su auto urbano, usando un
vestido rojo sangre y una chaqueta de traje. En sus manos había una carta.
―¿Qué está pasando?
Me entregó la carta.
―Tu ex prometido te está demandando.
―¿Por qué?
―Incumplimiento de contrato. Aparentemente no estás
respondiendo a ninguna de sus llamadas, y no has podido hacer ninguno de los
proyectos que necesita.
Me quejé, deseando darme una bofetada.
―Me di una patada en el culo por no terminar mi contrato,
¿no?
―¿No es obvio? Esta es la única manera en que puede llegar a
ti, y siendo el hijo de puta controlador que es, por supuesto que iba a caer
tan bajo ―respondió, sacando otra carta de su bolso blanco Louis Vuitton―.
Opción uno: intentamos otra vez romper tu contrato, pero créeme, esto será una
lucha infame, y podrías perder millones. No será tan generoso como lo fue en el
principio. No estoy segura de lo
que
pasó, pero se está comportando como un jodido idiota. No tienes ningún
sentimiento restante por él, ¿verdad?
―No, está haciendo esto porque estoy saliendo con alguien
más.
Levantó su ceja rubia.
―Sí ―dije orgullosamente―. Y no quiero perder millones, o
estar en una pelea con él durante meses o años. ¿Cuál es mi otra opción?
Dio un paso hacia un lado y abrió la puerta de su auto.
―Podemos ir a reunirnos con él y ver cómo elaborar un
calendario, ya que estás trabajando en otros proyectos. Tu contrato termina en
unos meses de todos modos; no tiene sentido ir a la guerra ahora.
―Bien. Pero trata de detenerme de asesinarlo mientras estamos
allí ―murmuré, subiendo al auto.
―Si me da opción, voy a demandarlo por cualquier cosa que
pueda pensar.
Ella estaba tratando de hacerme sentir mejor, y estaba
funcionando.
Peter Evans era un pequeño idiota egoísta.
Edward
Entré al despacho de mi madre, y lo primero que vi fue que
lloraba en los brazos de Jasper.
―¿Qué demonios…?
Hizo un gesto con la cabeza hacia el cuadro que estaba sobre
la mesa y gesticuló con la boca “Isabella”.
Ella ataca de nuevo. Había ido a la habitación de Emmet y
Molly de nuevo para verlos mirando fijamente su cuadro, riendo y hablando
juntos sobre ello. Estaban tan felices, que casi olvidé que estaba enferma. Era
por eso que quería ir a ver a Isabella. Tomando asiento frente a ellos, traté
de tocar el cuadro.
Mi madre me apartó de un golpe la mano.
―¡Mamá! ―grité, alejando mi mano.
Se secó los ojos.
―Nadie lo toca hasta
que lo pueda enmarcar y ponerlo en el estudio de tu padre.
En todos estos años, no había sacado nada de las cosas de mi
padre de la casa. Como si pudiera regresar en cualquier momento. Sabía que no
lo haría, pero dijo que le gustaba cerrar los ojos y a veces simplemente
olvidar.
―¿Todavía está aquí? ―preguntó, mirando el cuadro.
―No, tenía que hacer algo ―dije.
―Dime si regresa ―susurró, asintiendo―. Se parece tanto a él.
Incluso hizo la pequeña cicatriz en el costado de la barbilla jugando al
fútbol.
―Ella dijo que cuando vino a visitarte en tu oficina, pudo
echarle un buen vistazo a todas las fotos aquí, y pudo verlo en internet ―dije
con una sonrisa.
―Cuando ustedes están así, siendo adultos, puedo verlo. Ambos
son como él de muchas maneras. ¿Sabían que él también quería renunciar a la
medicina? ―Echó un vistazo entre nosotros.
―¿Qué? No, no quería ―No podía creerlo.
Asintió.
―Tocaba increíble el saxofón. Le gustaba de verdad el jazz.
Pero al final, dijo que siempre sería un buen pasatiempo.
―Punto uno para los músicos. ―Jasper asintió hacia mí,
inclinándose atrás en la silla.
Ignorándolo, la miré.
―¿Por qué no dijiste nada?
―Porque siempre quisiste ser como él. Sabía que tú, como yo,
no podrías tocar un instrumento ni para salvar tu vida, así que te dejé
enfocarte en tus libros.
Jasper rió tan fuerte que resopló.
Le dio un golpe en la pierna.
―¡Mamá! ―gritó, frotándose el muslo, y luego sonrió.
―No te rías de tu hermano mayor. Si no fuera por su buen
ejemplo, Dios sabe que habrías vivido en bares.
―Gracias por el voto de confianza, mamá. ―Frunció el ceño,
mirándome.
―Oh Edward, tengo algo que decirte. Charlotte pidió ser
trasladada a una de las clínicas de la ciudad por un tiempo. No tengo ni idea
por qué. ¿Qué le dijiste?
―La verdad ―dije,
sacando mi radio zumbando. Me detuve, ya en la puerta―. Tengo que irme. ―No
esperé una respuesta, o incluso esperé el elevador. Abriendo la puerta de la
escalera, corrí de a tres escalones a la vez, dando vueltas hacia abajo hasta
llegar a su piso. Una enfermera se dirigió hacia la habitación, justo a mi
lado.
―¿Qué pasó? ―grité, moviéndome hacia la cama.
El diminuto cuerpo de Molly no paraba de temblar, sus ojos se
ponían en blanco. Y luego se quedó quieta.
―¡Molly! ¡Necesito un carro de choque aquí! ―grité.
―¡Molly! Molly, cariño, ¡despierta! Molly…
―¡Sácalo! ―grité mientras la enfermera me entregaba el
desfibrilador.
Vamos, Molly.
Isabella
Después de que Peter me dejó, me dije que escucharía mis
instintos a partir de entonces. Había sabido que algo era extraño ese día, pero
lo había ignorado. No cometería ese error de nuevo. Escuchaba mis entrañas, no
importaba lo que pasara. Y sentada allí con él, todo dentro de mí me decía que
no me quedara allí más de lo necesario.
Su oficina estaba llena de la misma mierda exagerada y
costosa de antes. Tenía pisos hechos de mármol, sus paredes estaban terminadas
en la mejor madera, y todos sus premios colgaban detrás de él con orgullo.
Sobre la mesa había una placa de identificación pomposa, su nombre tallado en
vidrio con Fundador y director ejecutivo justo debajo.
Entré.
Se puso de pie, abrochándose el traje azul oscuro y caminó
delante de su escritorio, con los brazos sobre el pecho.
―Viniste…
―Este lugar apesta a mierda. Sr. Evans, ¿podemos llegar al
punto? ―dije, tomando asiento.
Rosalie estaba junto a mi silla.
―Bella…
―La Srta. Swan quiere disculparse por no recibir ninguna de
sus peticiones, aunque creo que la culpa es de usted y su oficina por no pasar
por los canales correctos. Si tiene trabajo para mi cliente, debe hablar con su
agente, quien filtrará la solicitud a la Srta. Swan. Estoy segura de que
cualquier juez estará de acuerdo conmigo. ―Rosalie lanzó su demanda a su
escritorio.
No la miró, sólo me
miró a mí.
―Lamento haberte hecho daño.
―¿No puede ver esta sonrisa? Estoy bien, Sr. Evans. ¿Cómo
podría haberme herido un hombre como tú?
―¡Bella! ―gritó.
―Sr. Evans, grite a mi cliente de nuevo, y no sólo lo
demandará por acoso, sino también se asegurará de agregar aflicción emocional a
la lista. ¿Se siente emocional, Srta. Swan?
Fruncí el ceño.
―Ahora que lo mencionas…
―Bella, por favor. ―Suspiró.
Rosalie estaba a punto de decir algo, pero negué.
―Di lo que quieras decir, Peter.
Se sentó más recto, moviéndose para pararse frente a mí.
―Sé que lo que hice fue horrible. Te he herido, y realmente
lo siento, porque no hay mujer en la tierra a la que ame más. No pude verlo.
Simplemente estaba tan nervioso por nosotros… preocupado de no poder hacerlo,
como mis padres. ¿Recuerdas? Mi madre nos dejó, y yo simplemente no quería ser
herido de esa manera otra vez. Cada vez que cierro los ojos, te veo. Recuerdo
cómo te aferraste a mí cuando te llevé a ver el Cirque du Soleil, cómo
llenabas el refrigerador por mí, incluso cuando te dije que no, y cómo
cambiaste el apartamento y bailabas en la sala de estar. Te echo de menos, Bella.
Pasaré todos los días de mi vida tratando de compensarte. Eres la única mujer
en este mundo para mí.
Rosalie me miró con la ceja levantada.
―Pete ―dije en voz baja, sentándome en el borde de mi silla.
―Bella. ―Él sonrió.
―Estuve tan ciega cuando salía contigo que oírte hablar ahora
me da ganas de darme una bofetada. Recuerdo el Cirque du Soleil. Me
aferré a ti porque tengo miedo a las alturas, y pensé que iba a tener un ataque
de pánico viéndolo. La razón por la que llené tu refrigerador todo el tiempo
era porque antes de mudarme, nunca lo hacías por tu cuenta. Y si lo hacías, ni
una sola vez compraste algo que me gustara comer. Tuve que reorganizar el
apartamento porque compraste muebles grandes después de que te dije que no
quería nada allí. Sólo te preocupas por ti mismo. No eres el único hombre en el
mundo para mí. Así que por favor. POR FAVOR. Detente. Las sombras están a la
luz. Ya no estoy cegada por el gran Peter Evans. No utilices juicios estúpidos
para traerme aquí. No me llames en
mitad de
la noche. Detente, porque si no lo haces, pediré una orden de restricción
contra ti. Estoy seguro que eso mataría los últimos meses que tengo de
contrato, ¿verdad, Rosalie?
―Deberías haberme dicho que llamó en medio de la noche.
Habría presentado una orden de restricción con el juez Banks esa misma noche ―respondió.
Me puse de pie.
―Cualquier cosa que necesite que haga, por favor, hable con
mi agente. Tara se asegurará de que lo tenga programado. Adiós, señor Evans ―dije,
cerrando la puerta.
Sólo una vez que estuvimos en el ascensor Rosalie habló.
―Sólo haremos esto una vez ―dijo, levantando el puño para que
lo golpeara.
Sonriendo, golpeé mi puño contra el suyo.
―Ahora no hablaremos más de eso.
―Por supuesto. ―Traté de sonar tan fría como el hielo, igual
que ella, pero era demasiado divertido. Saliendo del edificio, mi teléfono
sonó. Cuando lo comprobé, vi que era la madre de Vicky―. ¿Señora Spencer? ¿Está
todo bien?
―Hola, Bella. Siento mucho llamarte así. Estaba tratando de
llamar a tu madre, pero seguía llegando al buzón de voz.
Sabía por qué. Mi mamá odiaba hablar por teléfono durante
largos períodos de tiempo, y la Sra. Spencer podía seguir durante días a veces.
―¿Qué puedo hacer por usted, Sra. Spencer?
―Bueno, ¿sabes el nombre del doctor de tu padre? ¿A quien fue
después del ataque al corazón? Quiero asegurarme que Ryan vaya. Juro que ese
hombre no me cree cuando digo que toda su comida lo está matando. ¿Sabes qué
comió anoch…?
―Espere. Lo siento, ¿dijo que mi padre tuvo un ataque al
corazón? ―¿Qué? Tal vez estaba confundida.
―Sí. Fue hace unas tres semanas, ¿no? Ryan, cariño, ¿cuándo
sufrió su ataque al corazón, Charlie? ―gritó, olvidando apartar el teléfono―.
Sí, fue hace unas tres semanas y media…
―Sra. Spencer, voy a tener que llamarla luego.
Edward
―Es un milagro que haya sobrevivido ―dijo Cabeza de moño
detrás de mí mientras miraba los cuadros en la pared.
―¿Cuál es nuestro próximo paso, Dr. Cullen? ―El Dr. Estirado
se acercó a mí, y cuando me volteé hacia él, dio un paso atrás―. Dr. Cullen…
―¡Dejen de hablar! ―dije, y todos ellos saltaron―. Dejen de
hablar. Dejen de decir que el hecho de que ella esté viva es un milagro, porque
no lo es. Cierra la boca y mira la radiografía. ¿Le parece extraño el tumor a
cualquiera de ustedes?
El Dr. Cuatro Ojos ajustó sus gafas y dio un paso adelante.
―Parece que se movió hacia la derecha un poco.
―¿No es eso bueno? No podía operarla debido a la ubicación,
pero si se movía o se encogía…
―No se movió ―susurró el Dr. Estirado, mirando entre sus
viejas radiografías y las nuevas.
―Tiene dos tumores. La quimioterapia ayudó al más grande a
encogerse, pero tiene otro a su lado. Su tipo de meduloblastoma representa
menos del doce por ciento de todos los cánceres de cerebro ―dije, dando un paso
adelante y poniendo más de sus escáneres―. La quimioterapia y la cirugía fueron
largas tomas para ella desde el principio. Ahora, el cáncer se está
extendiendo. Su cuerpo se está muriendo, y la trajimos de vuelta hoy, pero
estamos trabajando con un tiempo prestado. No llegará hasta el final de la
semana.
―¿Vas a decírselo a su padre? ―susurró Cabeza de Moño.
―Ya lo hice. ―Me enfrenté a ellos―. Traigan sus documentos de
alta y envíen por fax toda su información al Dr. Birell en el Comprehensive
Cancer Center de Johns Hopki…
―¡Dr. Cullen! ―Una enfermera entró.
Ya sabía por qué, y corrí hacia la habitación en la que sólo
había estado hace dos horas. Esta vez estaba viendo a Ian, que había dejado el
desfibrilador y ahora sólo estaba usando sus manos.
―¿Cuánto tiempo ha estado inconsciente? ―le pregunté.
―Un poco más de tres minutos. ―Suspiró, deteniéndose porque
sabía lo que yo sabía.
―¿Qué estás haciendo? ―me gritó Emmet―. ¡Sálvala! ¡Sálvala!
¡¿Qué estás haciendo?!
―Sr. McCarty, su hija se desmayó esta mañana, tuvo un ataque
hace dos horas, y su corazón se ha dado por vencido ahora. Cualquier otra cosa
la está torturando. Su cuerpo no puede soportarlo más. Lo siento
mucho. De verdad. Siento mucho su pérdida, pero se ha ido. ―Mirando a Ian,
asintió, luego miró su reloj mientras desconectaba todo de su cuerpo.
―Hora de muerte, 8:43 p.m. ―susurró.
Emmet se derrumbó al lado de su cama, sollozando sobre su
cuerpo.
Mi pecho parecía que estaba en llamas. Sentí que había
despojado a este hombre de todo lo que le quedaba. Porque yo no era lo
suficientemente bueno, le había costado a su hija. Saliendo de la habitación,
no me detuve para nadie, sólo caminando, quizás corriendo, ya no podía decir lo
que mi cuerpo estaba haciendo. Todo pasó en un borrón hasta que me encontré
fuera, respirando fuertemente bajo la lluvia torrencial.
Fallé. Dios. ¿Por qué fallé?
―¡Ahh! ―grité hacia la lluvia.
―¡Edward! ―Isabella se acercó a mí, su mano sobre su cabeza,
como si eso detendría el agua―. Edward, ¿qué pasó? ¿Qué pasa?
Por alguna razón, traté de sonreírle, pero no pude.
―Yo. Soy lo que está mal. Deberías ir a casa sola hoy…
―Edward, habla conmigo.
―¡No quiero hablar! Estoy cansado de hablar. ¡Todo lo que
hago es hablar todo el maldito día! ―grité. Suspirando, me pasé las manos por
el cabello―. Por favor, no me esperes ni me busques.
Caminando de regreso
al hospital, traté de ignorar lo mucho que me dolía la cabeza y el pecho.
9 comentarios:
Omg! Q triste... ☹
O XD lloro lloro no puede ser que mi hermosa guerrera haya muerto y a de ser un trauma espantoso para Edward como médico por no poder hacer nada 😢😢😢😢mis sentimientos con Emmett 😢😢😢tan bien que hiba todo Cómo para que pasara todo esto graciasssss graciasssss graciasssss graciasssss graciasssss
Amo esta historia es una se las mejores que he leído
Maldito cáncer siempre se lleva lo q uno ama 😭😭😭😭 ojala pronto mejore todo es un cap. muy triste es imposible no llorar , gracias
Amo este capítulo mientras lloro!! No puedo creer que falte tan poco para que termine
que mal esperaba que la pequeña molly se recuperara
ohhh pobre emmett primero su esposa y neonato y ahora su hija que horrible
Por dios,que gran historia, yo me actualice en los capítulos durante el trabajo....
Espero que no tarde las actualizaciones...
Ohh por Dios, q pena q Molly haya muerto !!😢😢😢😢
No!!!! Ay noo!!! :’(
Molly murió!!! Es que no!!! Aww!!! Eso no lo esperaba. En vdd pensé que algo iba a pasar y ella se salvaría. No es justo!!! :(
Y luego mi edward culpándose :( ay este capítulo es muy sad
Lo bueno es que bella ya le puso punto final a Alec pero no compensa el próximo sufrimiento de edward y Emmet :(
Ay!!! Por favor dime que Emmet no se derrumbará :(
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