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Edward
Me despierto estirándome, sintiendo un dolor dulce a través
de mi cuerpo. Mi pene esta duro y hace una tienda de campaña en las sabanas,
así que voy por debajo y lo tomo en mis manos. Doy un par de golpes mientras pienso
en lo mismo que siempre hago cuando me vengo. Mi pequeña y dulce Bella. Es
entonces que el día anterior regresa a mí y me doy cuenta que no tengo que
hacerlo yo mismo. Bella es nuestra ahora. Puedo tenerla siempre que quiera.
Sintiendo el tirón de una sonrisa traviesa en mi cara, digo
en voz alta para ella.
―¡Bella! ¡Ven aquí, bebé!


