Edward
El día que finalmente conocí a
Bella comenzó como cualquier otro día desde que me había mudado a Michigan
—conmigo tomando un vaso de jugo de pasto de trigo frente a mi tía Esme en la
mesa, mientras ella trataba otra vez de convencerme de mover mi equipo de gimnasio
hacia el sótano.
—Creo que ya está a treinta
grados afuera —se quejó—. ¿Estás seguro de que no prefieres mover tus cosas al
sótano? Es más fresco allí abajo.
Habíamos tenido variaciones de
esta conversación por seis días consecutivos. —No hay luz real allí abajo. Soy
un chico del sur de California, nacido y criado. Necesito sol. —Un hecho real,
pero no la razón del por qué hacía mis ejercicios en el garaje. Esperaba que Bella
me notara y viniera a saludarme. Sin embargo, no le iba a admitir eso a mi
tía—. Además, treinta grados no es tan caliente.


